Los rituales de los escritores

La sesión de hoy, un experimento de social media que he probado, con un tema concreto: Los Rituales de los escritores.

Pero primero: LAS ANÉCDOTAS

Virgina Wolf que fundó Hogarth Press con su marido en 1917 para publicar sus libros y los de otros autores británicos, alquiló una casa en Londres y redecoró el sótano en su oficina. Su espacio para escribir era la antigua sala de billares, que compartía con viejos archivos y pilas de libros. En el servicio que tenía al lado, usaba viejas galeradas como papel de WC. El papel higiénico no existía por entonces.

John Cheever escritor de relatos ambientados en los suburbios, se ponía su traje y bajaba en ascensor hasta el sótano de su mismo edificio en Nueva York. Allí colgaba su traje y escribía hasta la noche. Después volvía a vestirse y volvía al apartamento. Escribió la mayoría de sus historias en calzoncillos.

Muchos escritores disfrutan escribiendo cerca del agua. Pero Benjamin Franklin que poseyó la primera bañera de los Estados Unidos, gustaba de escribir dentro de ella. Lo mismo que hacía Borges, por las mañanas, recordar sus sueños metido en la bañera y ver si tenían potencial de historia para ser contada.

Edmund Rostand, conocido por su retrato cómico de Cyrano de Bergerac, también escribía en su bañera. Vladimir Navokov también había afirmado que escribir en una bañera era de gran ayuda para su creatividad. Truman Capote pensaba que sus mejores obras se escribían en habitaciones de hotel. Cuando George M. Cohan, un showman de Hollywood necesitó un guión, se compró un billete de tren y se pasó el viaje escribiendo. Escribió 140 páginas entre Nueva York y Chicago.

Cuando un periodista le preguntó dónde era el mejor lugar para escribir, Dorothy Parker le respondío “En tu cabeza”.

Cuando Josh Greenfield coautor de varios guiones cinematográficos empezó a tener varios hijos se vio obligado a buscar un lugar tranquilo donde escribir. Incapaz de encontrar una oficina, alquiló un local comercial dónde instaló un escritorio y una máquina de escribir.


Algunos escritores usan medidas extremas para evitar ser interrumpidos cuando crean. Raymond Carver, a veces llamado el Chejov americano por sus personajes incapaces de comunicarse,  escribía en su coche en muchas ocasiones. J.D. Sallinger el huraño escritor de “El guardián entre el centeno” evitaba a los visitantes escribiendo en un bunker cerca de su casa en New Hampshire. Se levanta al alba y escribe 16 horas seguidas. 

Mark Twain y Robert Louis Stevenson escribían tumbados. Truman Capote se describía a si mismo como un escritor completamente horizontal. En cambio, Lewis Caroll y Tomas Wolf escribían de pie. También Hemingway, en un atril, después de una lesión de espalda en un accidente aéreo.



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