Crear personajes literarios a partir de personas reales. Escribiendo sobre tu tía.

Dedicado a A.N.

Hace unos días una amiga escritora me preguntó si podía corregir su novela. Le dije que sí, claro, pero que me indicase cuántas páginas en total, me pasara una sinopsis, me dijera qué había querido transmitir, y me pasase también un par de páginas para valorar la dificultad o no del proyecto y realizar un presupuesto, enviado a vuelta de correo, con las dos páginas corregidas.

Cuando leí la sinopsis, esa misma noche, inmediatamente contacté con ella. Tenía una mala noticia que darle, y probablemente no corregiría su novela.

La autora había empleado a un personaje de la vida real, bastante conocido, pero No figura pública y famosa, como personaje principal de su novela.

Le pregunté si tenía el permiso necesario. Desconocía que lo necesitaba.

El término “canibalizar” es un anglicismo inventado por el gran escritor inglés nacionalizado norteamericano, Raymond Chandler, el de “El Largo Adios” y la saga del detective Marlowe, uno de los padres de la moderna novela del género negro. Se refería con esta palabra al “reciclaje” de antiguos relatos en novelas, pero también al reciclaje de caracteres de las personas que había conocido.

 Las personas de carne y hueso pueden ser personajes de ficción con mucho colorido, siempre que uses el enfoque adecuado.

Muchos personajes famosos están basados en personas reales, desde el Christopher Robin de “Winnie the Pooh” hasta John Smiley en la novela de John Le Carre “Calderero, sastre, soldado, espía”. Poner personas que conoces en tus novelas tiene sus ventajas pero también sus inconvenientes.

Quizá quieras basar tu personaje de ficción en una de tus tías, la que se casó cinco veces y sabe siete idiomas. Pero ¿Cómo saber si será un buen personaje para tu novela? La primera pregunta es ¿Te fascina tanto esa tía como personaje? Si lo hace y realmente quieres escribir sobre ella, adelante. La buena escritura es fruto siempre de la fascinación. Si la tratas con tiento puedes maximizar su potencial como personaje literario y minimizar los riesgos.

NUEVAS CREACIONES

El mayor peligro que corres al situar a personas conocidas en tu novela es que muy pocas veces son el personaje más adecuado para tu argumento. El segundo es que es muy difícil ser objetivo con alguien a quien ya conoces. ¿Es tan divertido como te parece a ti el incidente de tu tía con el tendero del barrio, o es que... ya sabes... ¡Tienes que conocer a mi tía!

Los lectores no conocen a tu tía y sólo tienen la información que tú les ofreces en tus páginas. Para ser un escritor que ha conocido a tu tía desde el nacimiento, tendrás que evaluar qué partes de tu tía realmente son graciosas o tiernas, o dramáticas, y cuales no (Las que no deberían usarse en una novela). Es una tarea algo complicada.

La solución a todos esos problemas es básica. Crea personajes que sean una mezcla de diferentes personas. Los personajes basados en personas reales son más efectivos cuando están pensados exclusivamente para una historia, usando rasgos de varias personas. En lugar de contar cómo es tía María tal cual, considera la idea de añadirle características de otras personas o simplemente inventarlas. Esto tiene varias ventajas:

La primera, evidentemente, es que puedes crear el tipo de personaje exacto que tu argumento requiere. Supón por ejemplo que tu tía es muy temperamental y dice las cosas tal cual le vienen a la cabeza, pero más adelante se arrepiente profundamente de sus exabruptos. Sin embargo, a ti te conviene más un personaje que continúa enfadado una vez le ha pasado el estallido de rabia y mantiene sus convicciones aunque esté frío y calmado. Mezcla a tu tía con tu amigo Eduardo, que mantiene su resentimiento hasta el final de sus días. Si combinas dos caracteres, tendrás mayor flexibilidad.

Así es como Virginia Wolf creó a Mrs Dalloway. Su fuente principal, según su biógrafo Quentin Bell, fue Kitty Maxse, una amiga de la familia. Pero Virginia admite en su diario que también usó rasgos de otra amiga Ottoline Morrell.

La segunda ventaja es que si usas rasgos diferentes de personas distintas, te distancias más del personaje. Esto permite mayor objetividad y una separación más clara entre lo que hay en el papel y lo que hay en tu memoria. Te ofrece además la oportunidad de construir un retrato con peso propio, sin la necesidad de agregarle todos los recuerdos que tienes de ese personaje.

LA CUESTIÓN LEGAL

Suponiendo que bases una novela en tu tía ... ¿puede denunciarte? No te rías. Ha ocurrido algunas veces. Como norma general debes tener en cuenta estas cuestiones, aunque si crees que las aguas irán revueltas, mejor contacta con un abogado antes de presentar tu manuscrito en sociedad.

  • ¿Es tu tía un personaje público y FAMOSO? Si lo es poco puede hacer puesto que las leyes permiten la sátira de personajes públicos y sus cargos sin penalización alguna.
  • ¿Es muy famosa? Porque si lo es, el juez puede considerar que estás usando su fama para vender tu libro y que no tienes derecho a tal publicidad sin que esa persona de su aprobación.
  • ¿Invades su privacidad? Si en lo único que te has basado es en sus cinco matrimonios y sus idiomas, no puede decirte nada puesto que es información pública.
  • ¿Es real lo que cuentas? Si no lo es, te puede denunciar por difamación. Siempre y cuando asegures que se trate de esa persona.

Sorprendentemente, muchos personajes ni siquiera se reconocen a si mismos. Se rumorea que Charles Dickens basó el personaje de Mrs. Nickleby en su madre quien alguna vez le llegó a preguntar si podía existir una mujer semejante.

Pero también es posible que ocurra lo contrario, que las personas en quien te hayas basado se reconozcan y no les guste el resultado. Jane Seymour Hill, el modelo de Mrs. Mowcher en David Copperfield amenazó a Dickens con denunciarlo si no convertía a su personaje en alguien más agradable en su próxima entrega de David Copperfield, cosa que, por cierto, el autor hizo.

Pregúntate: ¿Se reconocerá mi tía en ese personaje? Si lo hace, ¿se enfadará? ¿Le dolerá? Si la respuesta es que sí pregúntate si realmente vale la pena escribir la historia.

TÚ COMO PERSONAJE

Recuerda que también puedes usarte como personaje. Hoellebecq lo hace, y Paul Auster.

Las dificultades son las mismas que si usas otras personas. Tu personalidad no puede encajar al 100% en el argumento y es mas difícil juzgar objetivamente lo que acaba en la página. Por otra parte, tú estuviste allí, donde fuera. Conoces todos los detalles, cómo entra la luz por la ventana, cómo huelen las tortitas en la cocina, el diálogo exacto entre los dos policías que te detenían y te dieron una paliza. (Esto último es broma, claro)

Y lo que es más importante, estuviste allí emocionalmente. Sentiste: emoción, miedo, pánico, desespero o ternura.

Un buen incidente autobiográfico puede dar mucha fuerza narrativa.

Aunque no importa mucho en quién se base, cada personaje que creas de la nada del papel en blanco, tendrá un poco de ti mismo. Incluso aunque no hayas matado a nadie, tus ansias asesinas resurgirán de anteriores iras. Las emociones de nuestros personajes se emparejan con las nuestras. Hasta que la telepatía sea un hecho, las únicas emociones que conocemos íntimamente, son las nuestras. Esa es nuestra materia prima y no podemos evitar ponerla en las cabezas de nuestros personajes sin importar de dónde vengan.

Así que adelante, usa a otras personas, combínalas y añade algo de ti mismo. Acabarás creando un personaje que los lectores adorarán.

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2 comentarios:

  1. ¡Hola! Acabo de encontrar tu blog y es genial, me quedo por aquí.
    Yo nunca he escrito sobre personas conocidas, solo personajes inventados, aunque a veces, hago historias en las que los personajes están basados en los personajes de otras de mis historias, toda una revuelta.

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  2. Sí que me ha ayudado. Espero que no me denuncien :)

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