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Añadir ritmo a las historias y escenas que lo admiten (III)



Añadir ritmo a las escenas al escribir una novela



Hoy ampliamos la serie de artículos sobre el ritmo en las historias con algunas técnicas para hacer que tu ficción se mueva a toda velocidad. Puedes encontrar los anteriores aquí y aquí.

Sentir el ritmo de la novela


Si escribes thrillers, novelas de misterio o de acción debes hacer que el ritmo de la acción sea suficientemente rápido para no aburrir y hacer cerrar el libro a tus lectores. Si has leído nuestros artículos o los libros que hay disponibles sobre cómo escribir (Los buenos, los que van al grano de la ficción comercial y no se demoran en retórica romántica acerca del oficio), sabrás que uno de los consejos que más se repite es “Coge el ritmo”.

Pero, ¿cómo se hace? Y ¿Por qué debes hacerlo?

Empecemos con una definición. Para cualquier escritor, el ritmo es la velocidad a la que se desarrollan los acontecimientos y se presentan los personajes. Puede expresarse mediante una simple división: el número de acontecimientos dividido por el número de páginas de una obra. Cuando más elevado, mayor ritmo.

Ritmo y géneros literarios


Escribir ficción de ritmo rápido tampoco es para todos. Así que la primera pregunta que debemos hacernos es: ¿Qué tipo de libro quiero escribir? Si es uno de los géneros mencionados con anterioridad, deberías mantener la historia a buen paso.


El ritmo PACE: 


  • Profundiza en los aspectos dramáticos
  • Apresura los acontecimientos.
  • Crea tensión, 
  • Engancha lectores

Además, la ventaja de incrementar el ritmo de la acción es que aumentas las preguntas en la mente del lector, así que continúa leyendo para descubrir las respuestas, interesado en la conexión de los múltiples acontecimientos que le has lanzado ya de entrada. Y, al lanzar varias propuestas a la vez, si una pregunta no le intriga, otra lo hará.

Según los cánones, si escribes ficción para mujeres o ciencia ficción basada en los personajes o novela histórica, puedes tomarte un poco más de tiempo para desarrollar las escenas e introducir acontecimientos. Si tu opción es la llamada ficción literaria del mainstream, aún puedes regodearte más en ello.

Pero recuerda que cuanto más lento sea el ritmo, más pulido deberá ser tu estilo y tus personajes más complejos. El ritmo forma parte de lo que se ofrece en una obra. Si no hay ritmo, debe ofrecerse algo a cambio.

#tipescritores 054 "El ritmo pausado es ideal para el desarrollo de personajes complejos, las descripciones detalladas y el estilo grandilocuente".

Tensión

Al elevar el nivel del ritmo, incrementas la tensión de dos maneras.

Primero: Cuando los acontecimientos ocurren más rápidamente, puedes meter a tus personajes en líos también más rápidamente. El conflicto es lo que crea la ficción: nadie quiere leer 400 páginas en las que todo va bien. El conflicto también crea y sostiene la tensión y hablaremos más adelante de ello. Los personajes bajo situaciones de estrés, siempre buscarán una salida.

La segunda manera de elevar la tensión es colocando escenas paralelas muy cercanas entre sí para que el lector llegue a conclusiones determinadas, aunque el personaje principal aún no haya llegado a ellas.

EJEMPLO:
Supongamos por un momento que tu personaje principal es una chica cuya madre ha muerto recientemente. Un tío a quien no conocía se le acerca durante el funeral y charlan brevemente. Se muestra agradable, compasivo pero reservado. Después de unas cuantas escenas sobre la vida que continúa después de la muerte de la madre, reaparece el tío, pero ya no es ni compasivo ni agradable. Ahora es brutal e incluso abusa de ella.

Si pasan más de 100 páginas entre una escena y otra, puede que recordemos el nombre del tío pero poco más porque tanto la brevedad como la reserva marcaron su primera aparición. Pero el hecho de incrementar el ritmo significa que esto no pasó 100 páginas atrás, sino 20 a lo sumo. Aún recordamos la escena en nuestras mentes y nos preguntaremos “¿Qué ha ocurrido para que cambie de esta manera?” Ahora el tío ya no es un personaje menor, es un problema para el lector y, seguramente... para el personaje.

Brevedad y velocidad

Unos consejos para aumentar y mantener el ritmo:

  • Empieza la escena en medio de una acción dramática, no antes de que comience el drama.
  • Mantén las descripciones al mínimo. Esto no significa no usar descripción para nada, si no, escoger unos pocos detalles que resulten significativos y dejar que el lector se imagine el resto. Consulta nuestro artículo sober las descripciones en una novela, insertas en la acción
  • Combina escenas. Si primero tienes una escena para desarrollar personajes en las que una pareja comen juntos en un restaurante y unas pocas escenas más tarde tienes otra en que se pelean, haz que se peleen en el restaurante. Mejor aún, haz que entre la policía y detenga a alguno de los dos.
  • Confía en el diálogo. Mucha parte de la historia se puede contar con intercambios de opiniones. Los lectores pocas veces se saltan el diálogo, sobretodo si usas frases cortas que se leen rápidamente. Hace falta tener buen oído y dominarlos, claro.
  • No cuentes mucha historia anterior (El backstory). Cuanto más conozcas a tus personajes a través de sus acciones actuales, menos flashbacks necesitarás. Los recuerdos reducen el ritmo de la historia.
  • Haz que los capítulos sean cortos. Observa cualquier libro de James Patterson.
  • Quita todo lo que sobre. Es lo mejor para incrementar el ritmo, porque el ritmo se reduce cuantas más palabras hay en una escena. Si escribes “El sol salió” la escena será mucho más rápida que si escribes “El sol emergió lentamente en el pálido cielo de la mañana”. Claro que habrá momentos en los que prefieras la versión larga, para crear ambiente, por ejemplo, pero no siempre. Si usas demasiadas palabras, no solo reduces el ritmo, aburres a tus lectores.


No todas estas sugerencias funcionaran igual en todas las historias. Depende de tu género y preferencias individuales. Más rápido no siempre significa mejor, pero frecuentemente, y #estoesasí, es más vendible.

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Los personajes secundarios. Caso de estudio


Los personajes secundarios. Caso de estudio 01.


Ayer tuve reunión de asesoramiento literario con una gran escritora novel en la que tratamos varios temas de estructura y trama.

Una de sus preguntas fue el problema de los personajes secundarios. 


En un informe externo se había apuntado a la autora la escasa relevancia de algunos personajes secundarios, e incluso figurantes, en la novela, y de cómo las escenas donde aparecían solo servían para hacer más lenta la acción y dar la impresión de que la historia no avanzaba.

Estaba de acuerdo con el diagnóstico y hablamos de ello. Partíamos de que la novela ya está escrita y no se planificaron adecuadamente las escenas, dando lugar, entre otros, a este problema. Pero la autora tenía la decisión de conservar a esos personajes por motivos personales. Son personajes con voz propia en sus diálogos y bien caracterizados, sin embargo no hacen avanzar la trama.

Una de las posibles soluciones que le ofrecí, fueron dos más, era imbricar mejor las historias personales de esos secundarios o figurantes con la historia personal de la protagonista. Pero mediante CONFLICTOS.

Si la protagonista, como el antagonista, tienen sus propios conflictos internos, además de los externos propios de la trama, ¿Por qué no dotar a los secundarios de otros conflictos que pugnen con los de la protagonista? En realidad, esto es básico a la hora de crear historias con muchos personajes o series de historias con el mismo protagonista.

Se trata de aplicar la categoría de aliados o enemigos, del viaje del héroe que explicaba en ESTRUCTURAS, a TODOS ELLOS pero dotándoles, repito, de sus propios conflictos internos y que estos conflictos de los secundarios y figurantes sean un obstáculo, o un puente, para el protagonista. De esa forma conservamos a esos secundarios y los hacemos más ricos en su personalidad. Además de que la historia también se enriquece con ellos y se hace más ágil.

Sería la respuesta a estas preguntas, una o dos, o todas ellas, además de las que se te ocurran:

  • - ¿Qué quiere?
  • - ¿Qué se lo impide?
  • - ¿Quién se lo impide?
  • - ¿Por qué se lo niega?
  • - ¿Por qué no pide ayuda?
  • - ¿Logra superar su conflicto al final?
  • - ¿Qué necesita?
  • - Etc.
Y todas ellas, claro está, conjuntándolas con los conflictos del protagonista.

Si tratamos nuestras historias desde el punto de vista de los conflictos internos de nuestros personajes, te aseguro que el camino es mucho más fácil. 

Pero hay que hacerlo ANTES de escribir la historia, para no caer luego en incoherencias. Planifica bien tu historia.


Si te ha gustado este post, o tienes una sugerencia para alguno futuro, ten la amabilidad de dejar un comentario y lo tendré en cuenta. 

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El Suspense en las novelas.

ESCENAS CINEMATOGRAFICAS... con SUSPENSE

En el libro de "CÓMO CREAR UNA NOVELA. Estructuras", trato muchos aspectos de la construcción de escenas, dejando otros para desarrollar más adelante en sus propios epígrafes. En el ebook cito varias veces la película "El Silencio de los Corderos", entre otras, con muchos ejemplos de cómo funcionan las escenas en diferentes niveles de la historia, pero dejé fuera el tema del suspense.

El suspense, para mí, forma parte del tema del Conflicto, y pensarlo así me decidió a dejar para otro lugar su desarrollo. No obstante lo apuntaré aquí, brevemente:

El objetivo de toda historia, sea novela o guión cinematográfico, es crear nuevas escenas que cuenten la historia. Ya comenté en Estructuras que hay escenas cliché, más habituales en las películas, las cuales son incluso esperadas por la mayoría de los espectadores. Y parodiadas una y otra vez, como por ejemplo en la serie de "Scarie Movie".  Los clichés no denotan originalidad. Si utilizamos escenas que ya se han visto, hay que buscar un ángulo fresco y original. No usar lo mismo una y otra vez.

Y todos nos hemos sorprendido escribiendo una escena ya vista. El subconsciente funciona así, y por eso es siempre bueno contar con lectores cero o editores, con amplia experiencia y cierta edad, que nos señalen esos clichés. Cuanto más hayan visto y leído, antes saben identificarlos. Y aquí la edad es un plus.

Pero hay maneras de aderezar una escena aburrida. Una de ellas es añadiéndole suspense. Como ya vimos en el libro, en cada escena el personaje quiere algo, así que ¿por qué no ponerle el objeto de su deseo al alcance de su mano mientras otro personaje intenta quitárselo? Eso crea tensión.

En el guión de "Hannibal", David Mamet usa el suspense basándose en la superioridad de conocimientos de la audiencia. El espectador sabe que el misterioso doctor al que el policía quiere investigar es Hannibal Lecter y las suspicacias del policía están más que justificadas. Harris lo escribió también así en su segundo libro sobre el personaje.

El detective Pazzi va a visitar al Dr. Fell al piso del antiguo procurador del museo, para que le de las cuatro maletas con las pertenencias de su antiguo propietario. Durante unos minutos el detective queda solo en la escena y aprovecha para investigar un poco por el piso esperando que Lecter no lo sorprenda. Aquí hay suspense. Cuando Lecter aparece de entre las sombras, se produce la primera sorpresa. El detective formula algunas preguntas sobre el procurador, que Lecter contesta. Se ofrece a ayudarle a llevar las maletas mientras se pone unos guantes. La tensión aumenta mientras Lecter se acerca al detective con sus guantes. Pazzi, ajeno a los instintos asesinos de Lecter continúa haciendo preguntas totalmente banales. Lecter estira su mano enguantada y coge las maletas. Ayuda al detective a bajarlas. ¿Por qué los guantes?, se preguntará un observador avezado. Para evitar que sus huellas dactilares lleguen a la policía, claro.

Lo que podría haber sido una escena aburrida de sospecha y recogida de maletas se convierte en una escena de tensión con la inclusión del suspense.

Mediante el suspense puedes construir una escena y darle una cualidad que de otra manera no tendría. Da igual que la película sea de suspense, una comedia o un thriller. Desde esconder las medias de la amante cuando la novia entra en escena hasta una cuerda colgando en una ventana solitaria cuando el espectador sabe que hay un asesino suelto en el barrio, todo son elementos que ayudan a que las escenas sean inolvidables para el espectador y que esté atento a lo que sucederá después.

Tratamos algunas otras técnicas en un artículo anterior, aquí. Otro día seguiré ampliando este tema.

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El rechazo editorial (II)

En la segunda parte de este artículo voy a abundar en detalles concretos que provocan el rechazo editorial de los editores y agentes literarios en las cartas-emails de presentación y en los propios manuscritos no solicitados.

Dependiendo de la extensión del mismo, de las lecturas, y de vuestra implicación al compartirlo, si lo veis interesante, habrá una tercera parte. Aquí la primera.

El Rechazo Editorial (II) 



Los Intentos

No puedes comenzar, ni incluir, en una carta de presentación algo que suene como esto: "He intentado escribir una novela que mezcla el género de ciencia ficción con el género negro, el romántico y el histórico, ambientado en la España del Siglo de Oro, en segunda persona del plural desde un narrador omniscente que viene del futuro y con múltiples puntos de vista, sobre las rencillas entre los escritores Góngora, Quevedo y Lope de Vega, incluyendo análisis de sus poemas y evitando las paradojas temporales en todo momento”.

Hay en este mundo, Horacio, cosas que nos superan y que son más de lo que puedes manejar. Piénsalo: Si tienes una idea, solo será una idea hasta que un lector reaccione ante ella. Y las ideas deben ejecutarse bien. No digo que esa novela sea imposible. Es probable que un buen día alguien quiera leerla. Pero hace falta un talento excepcional para llevarla a cabo de forma realista y que enganche al lector. Muchos escritores tienen magníficas ideas para sus argumentos y sus personajes, pero lo que acostumbra a suceder es que no están bien llevadas a cabo, ni los personajes, ni el argumento, ni el ritmo de la novela, y en cuanto se detectan esos intentos, las novelas son rechazadas. Las premisas, de las que hablé en el ebook de Planificación, hay que cumplirlas.

La mirada al ombligo


«Mira qué bien escribo. Escribo muy bonito ¡Mira! ¡Mírame! ¿No ves qué bonito? ¡Estoy escribiendo!»  Estas son las palabras que resuenan en la cabeza del editor o el agente que buscan VENDER una novela al gran público cuando leen escritura con pretensiones de alta literatura. Puedes imaginar al escritor o a la escritora dando saltitos emocionados. 

Desengáñate. Si tu novela es así, sus posibilidades de que sea publicada son escasas. El editor y el agente saben que lo que el público en general quiere, y es una buena historia en la que perderse, y no detener su ensueño para ir al diccionario o anotar una frase bellísima tras otra. Hay lectores que aprecian eso, pero son escasos y las tiradas dedicadas a ellos, hoy, en España, son de 500 a 1000 ejemplares. No es negocio. Tengo amigos que se dedican a publicar este tipo de historias y aportan un gran valor a la cultura en general y a la Literatura en particular. Pero no, no es negocio.

Se trata de esconder la mano del escritor para que el lector pueda olvidar que existe y sumergirse en las profundidades de la historia y de los personajes. Y sí, claro que tienes que tener una voz y un estilo propios, pero muy pocos escritores tienen ese don de hacerte ver su voz y que ahí radique la belleza de su escritura. Escribir hoy, además de sufrir que decía Larra, es COMUNICAR. Clic aquí para tuitear

Los correctores y editores de textos pasamos muchas horas cortando frases, adverbios y adjetivos que están ahí solo porque “suenan bien”. 

Los malos diálogos


El diálogo, en una novela, consiste en una aproximación al habla de la gente de la época en la que transcurre la historia. Debe parecer y sonar verosímil cuando se lee y cuando se pronuncie en voz alta. Los personajes hablan entre ellos pero también hablan al lector. 

Ya sabemos que el habla no siempre es correcto, gramatical o incluso políticamente correcto. Está lleno de puntos, de puntos suspensivos, de pausas que interrumpen abrúptamente el flujo, y hasta de palabras como cojones, coño, y hostia. Sin embargo, hay límites: 
  • Cuando parece un adolescente nervioso hablando en clase en el instituto. 
  • Cuando en la lectura todos los personajes hablan igual. 
  • Cuando todo suena rígido. 
  • Cuando es desagradable. 
  • Cuando generalizan sin aportar nada a la historia.
  • Cuando pontifican.
  • Cuando exponen tratados.
  • Cuando no son acordes a la caracterización del personaje.
  • Cuando no paran de hablar y lo dicen todo.
Todo eso es fácil de detectar en un vistazo y es causa común de rechazo editorial. Hay que experimentar con los diálogos. La gente tiene ritmos distintos, frases y giros que los distinguen unos de otros. Y, por encima de todo, los diálogos de los personajes deben hacer avanzar la trama y caracterizarlos, iluminando de alguna manera sus relaciones y sus actos. Deben ser placenteros de leer.

Los malos conflictos


Son los conflictos poco conflictivos. En ocasiones, y sobre todo los escritores sin mucha experiencia o que no han hecho los deberes, ni siquiera se dan cuenta de este gran error. El escritor con cierta experiencia lo detecta enseguida. Sucede cuando la historia NO AVANZA NI EMOCIONA. 

Las expectativas deben de ser altas, ya lo dije en el ebook de Personajes 1. No hay que jugarse el destino del mundo civilizado en cada capítulo, pero la apuestas vitales del personaje debe tener valor para él, y a la vez, el escritor debe transmitírselo al lector. El riesgo de la pérdida ha de estar ahí, aunque al final haya ganancia. O no la haya.

Los lectores deben saber muy pronto qué está en juego, para que sigan leyendo. Y también deben saber, ANTES de finalizar el libro, cómo se resuelve el conflicto. Si el editor o la agente no ven que el autor ha hecho sus deberes con los conflictos, rechazarán la obra. No va a venderse, piensan. Y con razón. 

Falta una o las cuatro ESES

Las cuatro eses, en el argot editorial norteamericano (El tiempo es oro y las abreviaturas necesarias, ya sabes...) son:
  • Story 
  • Setting 
  • Someone
  • Style
Son los cuatro motores de una historia. La Historia en sí misma, el Escenario, entorno, ambientación o Mundo en el que transcurren los acontecimientos, el Alguien, generalmente los protagonistas, y el Estilo.

Si al editor, o a la persona que valora el manuscrito, le es difícil saber en una primera cata, cual de esos motores hace avanzar la historia, el manuscrito será rechazado. 

Determinar esas cuatro Eses se hace rápido, entre la carta de presentación y la cata editorial. Sin ellas o a falta de alguna de ellas, automáticamente se sabe que esa novela NO VA A VENDER, no va a ser un buen negocio editorial.  Y sí, si la editorial en cuestión, o el agente, funcionasen como antaño podrían valorar el estilo y catalogar la obra como Alta Literatura o algo parecido e intentar colocarla. Pero repito, ya no será un buen negocio. Y publicar novelas es, no te engañes, un negocio. Cultural, sí, pero negocio siempre.

Y ahora que ya conoces estas pautas, INTENTA EVITARLAS, aplica todo lo que aprendas en tus obras y personajes, y así, al menos, pasarás esa temible primera cata editorial. Sé perfeccionista y no tires nunca la toalla.

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El rechazo editorial (I)

Si me has seguido en los ebooks de la serie 'Cómo crear una novela' ya sabrás que soy de la opinión de "incrementar los factores de calidad y éxito editorial" para lograr la publicación de los editores y el apoyo de los lectores con nuestras historias y novelas. Todo este blog y gran parte de lo que se expone en él y en las otras publicaciones está enfocado a eso. Es cuando digo que "el escritor ha de hacer sus deberes".

El rechazo editorial

CONTINUA EN LA SEGUNDA PARTE. AQUÍ

Es cierto que ha mermado en el tiempo. Hoy se están publicando historias (cosas) que hace quince años hubieran llevado las manos a la cabeza a cualquier editor con solera. Se habrían negado a asociar su nombre y su sello editorial a títulos como todos esos en los que estás pensando. Porque su prestigio resultaría comprometido.

Los movimientos editoriales en el mercado, compras, fusiones, emporios editoriales, han hecho que queden realmente pocas editoriales independientes y que la seriedad y el rigor se hayan diluido en aras del mercado y de la rentabilidad a corto plazo. La pregunta es: ¿Ha perdido la literatura? Personalmente creo que no. Muchas de esas editoriales gigantes aún están abiertas a la captación de nuevas firmas, nuevos autores, jóvenes o maduros, con una voz propia y original y algo nuevo que contar. Y los agentes literarios no son ciegos.

Hoy parece que todo el mundo escribe, y lo habrás observado. Todo el mundo tiene un amigo escritor en su red de contactos. Las plataformas de autoedición digital e impresa sirven cada día nuevos títulos de escritores y escritoras que, cansados del rechazo editorial, optan por la autopublicación. Y el mercado está saturado de novelas digitales a bajo precio, muchas de las cuales NO HAN HECHO SUS DEBERES. Venden, sí, pero no venderán mucho. La mayoría de esos autores no han pasado por un corrector de estilo, ni un editor que apuntase sus errores. (Pero muchas editoriales grandes o agentes tampoco lo hacen. Rechazan y punto.) Gran parte de los autores autopublicados tampoco saben promocionarse o vender, aunque ese es otro tema que trataré en otra ocasión.

La exigencia de calidad literaria.


A una editorial o un agente literario (En EEUU no se envía originales a las editoriales, han de pasar por agentes), como todo el mundo escribe, le llegan al mes de 30 a 100 originales no solicitados. En el argot se llama la slush pile. De esa pila, que en muchas ocasiones no se lee ni se devuelve el original, se suele encargar el último becario de la agencia o la editorial, o un lector dedicado freelance. Conozco a varios aquí en España que reciben manuscritos para valorarlos literaria y comercialmente. Pero cuando esos manuscritos llegan a este lector, antes han pasado una cata. Los editores, en esa cata (Lectura rápida del comienzo, del final, y algo del interior, a veces también la página 99, no buscamos razones para publicar el libro, nos concentramos en las razones para no publicarlo. Por una sencilla y pragmática razón. Es más rápido y el tiempo es oro. 

Aquí te muestro unas cuantas de esas razones. Ten en cuenta que voy a hablar, como casi siempre, de novela comercial, o de género. Espero que te sirvan para evitarlas.

Los malos comienzos


Si en la carta de presentación a la editorial pones “Leed el capítulo 9, es lo mejor del libro” ya has perdido. Debes empezar fuerte y no dejar las cosas buenas para más adelante. Estás contando una historia. Una novela comercial, que se venda, es como una maratón que empieza con un rápido sprint. La primera frase debe seducir al lector para leer la segunda y la segunda debe enganchar para que lea la tercera. La primera página debe OBLIGAR al lector para leer la siguiente. Si hacia la página 20 has mantenido al lector fiel puedes llevarlo hacia donde te interese. Pero debes atraparlo con el comienzo. Aquí lo tienes más desarrollado.

Los malos personajes


En la novela literaria del mainstream o en la de género, un buen personaje puede salvar la historia, ¿Qué recordamos de los libros? A sus personajes, claro. Incluso a sus personajes secundarios. Cossette, Mr. Rochester, la señora Danvers de Rebecca, etc. Son personajes tan reales y tan vivos que puedes identificarte con ellos, y sufrir o alegrarte con ellos. Es así de simple.
pero uno malo, y me refiero a mal diseñado y caracterizado no a un antagonista o un villano, siempre puede hundir un libro que estaba bien construido. Piensa en lo que expongo en los dos ebooks dedicados a los personajes: Las historias tratan de personas, sus relaciones, sus conflictos, sus triunfos y sus tragedias.

Como editor y corrector veo muchos libros en los que los personajes van de un sitio a otro entre las páginas sin implicarse, incluso sin mostrar debilidades que deban superar. Los buenos personajes tienen personalidad, un arco de personaje sólido y carisma. Necesitan una vida, una historia pasada, y unos rasgos de personalidad. Deben crecer en la historia y cambiar de alguna manera, o negarse a cambiar. Y deben tener esa chispa que haga que los recordemos siempre.


La mala información.


La mala información, en una historia, es la información que sobra. Por ejemplo, en un diálogo:
—Como ya sabes, Juan, en este país hay 47 millones de posibles lectores.

Ofrecer información innecesaria al lector en un largo párrafo o, peor aún, páginas enteras, es ser muy cruel y también una muy buena manera de conseguir que el editor o el agente vayan al siguiente manuscrito. El truco consiste en ofrecer la información de manera atractiva.

Es normal que en un thriller legal se hable de leyes o de procedimientos judiciales, como hace Grisham,  o que un médico cuente cosas sobre la enfermedad de su paciente, si es relevante para la historia, pero siempre hay que buscar un modo atractivo para hacerlo. Que no parezca una cadena de información sacada de la wikipedia. Hay que incluir tensión y conflictos y una buena caracterización antes de pretender que tus lectores acepten grandes dosis de información.

Tom Clancy, John Le Carré, o Ian Fleming eran capaces de contar enrevesadas intrigas de espionaje internacional sin que el lector se cansara por ello. Al revés, seducían al lector para seguir conociendo más cosas sobre sus tramas.

La falta de disciplina y perseverancia.


En ocasiones he leído o escuchado decir, a algunos escritores: “Yo no corrijo. Así es todo más fresco, que lo haga el editor”. (Y a veces la tercera parte, la del editor, no está en la frase).

Hacer los deberes implica sacarse el ego y la autoindulgencia de encima. Revisa tu original, corrígelo y púlelo hasta que esté perfecto. Si una obra llega a un agente o editor sin estar completamente pulida está llamando al rechazo editorial. ¿La razón? En el mundo de la edición cada vez hay menos tiempo, y por eso se buscan manuscritos que se puedan publicar tal cual. Es tu trabajo corregir.

Estos días, finales de julio 2014, en el festival Celsius de Avilés, Patrick Rothfuss comentaba lacantidad de rechazos que obtuvo con su novela "El nombre del viento", en cada rechazo la releía y cambiaba cosas, hasta que publicó.

"Me alegra mucho que me rechazaran el manuscrito durante varios años porque no hubiera escrito algo ni la mitad de bueno" Patrick Rothfuss

La imitación.


“Mis ídolos son Arturo Pérez Reverte y Dan Brown. Mi estilo es una mezcla de ambos”. Mal. Escribir "a la manera de" o como cualquier otra persona es una actitud inmadura, y los editores buscan, sobre todo el estilo diferenciador, la voz propia. Aunque todos aprendimos así en los comienzos de nuestra andadura es algo que hay que dejar a un lado para seguir el camino propio.

Despojarse de las influencias, los trucos y herramientas que otros usan. Aprender de ellas, sí, imitarlas, no. Si lo haces estarás cayendo en el autoengaño y haciéndote trampas a ti mismo y a tu talento. Perderás la oportunidad de contar tus historias con tu propia voz y tendrás un factor menos que sumar para el éxito. Debes hacer todo lo posible para descubrir tu estilo y voz propios. Esto conlleva tiempo y esfuerzo y no se hace en un año ni en dos. Es como aprender a tocar un instrumento. A tu manera.

Lo expliqué más en detalle aquí.

CONTINUA EN LA SEGUNDA PARTE. AQUÍ

Esta semana, la segunda parte de esta entrada. Y no olvides compartir este artículo con tus contactos literarios, les aportarás contenido, espero que interesante, Gracias por leerme.

Escribir relatos cortos. Aproximaciones.

Nos lo habéis solicitado varias veces, muchos después de haber leído el libro de relatos que publiqué hace unos meses, así que al fin os presento una primera aproximación al Relato Corto.

A ver si a partir de esta semana ponemos mínimo dos entradas a la semana en el blog.

El inicio y los finales.


En el relato corto se invierte mucha energía para construir un inicio perfecto. La frase o el párrafo genial que enganche al lector para seguir leyendo. Una de las técnicas es que ese comienzo nos dirija rápidamente al corazón del conflicto y suscite la curiosidad de los lectores por lo que ocurrirá a continuación

Los finales necesitan la misma atención y cuidado. No solo deben resonar adecuadamente en los lectores, y perdurar en su memoria, si no que deben producir además algún tipo de satisfacción si es posible. Aunque sea de manera muy sutil. Y por supuesto, ofrecer también una sensación de conclusión. Los finales abiertos son peligrosos en la narrativa breve. 

Y ahora llegamos al problema y tema de este artículo: El nudo de la historia. El viaje que va a hacer el lector desde el principio hasta el final de tu cuento. Aquí te explico cómo asegurarte de que tu relato esté bien cohesionado:

Cambiar subargumentos por conflicto. 

El formato del relato corto suele basarse en un argumento principal. Debido a que el espacio es limitado se limita también el tiempo. Por ejemplo, un sólo día y un sólo escenario. Y aquí, si añades sub-argumentos puedes confundir al lector.

Si escribes una historia realista sobre un hombre que se plantea dejar a su esposa después de descubrir que la hija que tienen en común no es suya, no te servirá de mucho añadir a la historia los celos que sufre en el trabajo por culpa de otro fulano.

Lo ideal es profundizar en el argumento que ya tienes y se consigue introduciendo conflicto. Por ejemplo, mientras el hombre contempla la posibilidad de abandonar o separarse de su mujer y su hija, puede descubrir que ella está muy enferma y necesita ser hospitalizada.

Funciona igual en todos los géneros. El relato básicamente es psicológico. Puede llevar acción, pero escasa. Por eso, desarrollando el conflicto atraerás a los lectores y crearás empatía con el personaje principal. Se trata de complicar las decisiones del protagonista y generar nuevas consecuencias para todos los personajes implicados.

Sembrando semillas. 


Uno de los errores principales en los relatos breves es la digresión. Algunos escritores se interesan por temas tangenciales al del relato y acaban incorporándolos a su historia. Efectos: Distraen al lector, rompen la atmósfera creada, e interrumpen el flujo de lectura. Para evitarlo debes plantar semillas de los temas que introducirás. García Márquez en "El coronel no tiene quien le escriba" lo hace muy bien en la primera escena de esa novelita corta. Pero García Márquez es un maestro. Voy a copiarla y a subrayar en negro las palabras asociadas entre sí que crean la atmósfera del escenario y el tema de la espera o la esperanza frustrada, y forman un esqueleto que va uniendo los párrafos con un motivo común.

El coronel destapó el tarro de café y comprobó que no había más de una cucharadita. Retiró la olla del fogón, vertió la mitad del agua en el piso de tierra, y con un cuchillo raspó el interior del tarro sobre la olla hasta que se desprendieron las últimas raspaduras del polvo de café revueltas con óxido de lata.          
Mientras esperaba a que hirviera la infusión, sentado junto a la hornilla de barro cocido en una actitud confiada e inocente expectativa, el coronel experimentó la sensación de nacían hongos y lirios venenosos en sus tripas. Era octubre. Una mañana difícil de sortear, aún para un hombre como él que había sobrevivido a tantas mañanas como esa, durante cincuenta y seis años —desde cuando terminó la última guerra civil— el coronel no había hecho nada distinto de esperar. Octubre era una de las pocas cosas que llegaban.          
Su esposa levantó el mosquitero cuando lo vio entrar al dormitorio con el café. Esa noche había sufrido una crisis de asma y ahora atravesaba por un estado de sopor. Pero se incorporó para recibir la taza.          
—Y tú —dijo.          
—Ya tomé —mintió el coronel —. Todavía quedaba una cucharada grande.          
En ese momento empezaron los redobles. El coronel se había olvidado del entierro. Mientras su esposa tomaba el café, descolgó la hamaca en un extremo y la enrolló en el otro, detrás de la puerta. La mujer pensó en el muerto.          
—Nació en 1922 —dijo—. Exactamente un mes después de nuestro hijo. El siete de abril.          
Siguió sorbiendo el café en las pausas de su respiración pedregosa. Era una mujer construida apenas en cartílagos blancos sobre una espina dorsal arqueada e inflexible. Los trastornos respiratorios la obligaban a preguntar afirmando. Cuando terminó el café todavía estaba pensando en el muerto.
El motivo del café va hilando la atmósfera con pequeños añadidos y dosis minúsculas de información. Estos párrafos tienen más cosas escondidas en su estilo, pero eso será motivo de otro artículo.

Contra el reloj.


En algunos relatos cortos suele suceder que el escritor novel introduce un pequeño conflicto al inicio de la historia y lo abandona sin resolver o no es demasiado urgente para el lector. En cualquier tipo de historias que escribamos, el objetivo principal es que los lectores lean página tras página nuestras historias, por lo que hay que despertar su curiosidad y mantenerla.

Si al principio de la historia presentas un personaje que debe llegar a tiempo al aeropuerto para tomar un avión y asistir a una reunión importante y crucial de “lo tomas o lo dejas”, crearás ese sentido de urgencia, consiga el personaje sus objetivos, o no. Aquí usamos el nudo de la historia para incluir más obstáculos en esa línea temporal que se va consumiendo (el tráfico, el clima, problemas con el coche, etc...) que ayudarán a intensificar el conflicto y a acelerar el ritmo de la historia.

Dramatiza 


Como la mayoría de los relatos se basan en las epifanías, en los momentos de crisis del protagonista es una buena idea aislar y dramatizar una crisis específica. Puede ser un momento que implique una verdad dolorosa, o implicar un poco de acción. Muchos escritores no detectan estos momentos y es una razón para que se pierda la fuerza de sus escritos.

Si leíste el ebook de ESTRUCTURAS ya sabes que una crisis como esta suele ocurrir en la segunda mitad de las historias, después de la introducción del conflicto principal y de la serie de obstáculos que se van interponiendo. En los relatos breves se puede resumir así: ¿Quién tiene algo que perder en la historia? ¿Cuales serán las últimas consecuencias?. 

Por último: Recuerda que la parte central de una historia es tan importante como el principio o el final. Si tu intención es escribir relatos cortos, nuestro consejo es que los escribas a menudo. Intentando escribir esas historias de una sola sentada o como mucho en un par de sesiones. Esto te ayudará con la uniformidad y la cohesión. Recuerda divertirte mientras escribes y arriesgarte, especialmente en tus primeros intentos.

Y, ya sabes, nunca, jamás, tires nada de lo que escribas. Nunca se sabe cuando puedes necesitarlo para otra historia.

Estructura interna de los personajes


Sobre ESTRUCTURAS.


Estoy revisando "Karate Kid" que ponen en un canal de TV, y aún no ha terminado. La vi de estreno, en los ochenta, y luego alguna vez más, pero hoy he comprobado varias cosas, y si recuerdas la película, o tienes la oportunidad de revisarla, quizá tú también te fijes en ellas.

Sigue siendo una película de éxito, por la suma de factores de calidad que logra aunar en toda la historia. Y quizá esto explique la razón de cómo no funcionó su "remake".


Lo primero es que, como todas las buenas historias, no ha envejecido nada mal. Se puede ver perfectamente a pesar de los años transcurridos y el esquema de su argumento sigue vigente: Una historia de superación personal a través de un mentor excéntrico, con toques de drama y comedia, buenos diálogos y una estructura firme basada en el viaje iniciático del héroe, sólo que, con cierta complejidad interna que puede pasar desapercibida en un primer visionado: La estructura psicológica, o interna, de los dos personajes centrales y el tempo de la narración, que está supermedido, casi al milisegundo.

Y el quiz de porqué funciona tan bien esta relación mentor-héroe/pupilo de cara al espectador, al margen de otros factores (Fotografía, caracterización, interpretación, estructura externa, música, etc.) es la motivación interna de los dos protagonistas. Y principalmente la del mentor: 

¿Por qué razón ayuda Miyagi a Danny?
 Aprende a estructurar tu novela

Lo sabemos cerca del punto medio del argumento, cuando Danny vuelve de la fiesta, humillado y ofendido, y encuentra a Miyagi borracho celebrando su aniversario de viudo. La humillación de Danny pasa a un plano secundario, no hay paño de lágrimas para él, y encontramos a Miyagi borracho y echando risas el solo hasta que se descubre que sirvió en el ejército y tuvo una medalla al valor pero su mujer y su hijo recién nacido murieron en el parto, en un campo americano para japoneses porque el médico no llegó a tiempo. El anciano japonés caerá derrotado y Danny le acostará descubriendo su pasado en un telegrama arrugado.

Inmediatamente después, sin apenas intermedio, la siguiente escena será el cumpleaños de Danny y los regalos de Miyagi. Un kimono y un automóvil de su colección. No se dirá nada más del hecho. Sólo la mirada de orgullo del anciano maestro...

Para el hijo que nunca tuvo.

Y nada, que me apetecía contarlo. Para saber más sobre Estructuras de las historias, y hacer que estas funcionen, puedes leer el ebook disponible en Amazon:

Cómo utilizar el tema de tu novela

En este artículo te muestro algunos pasos para incorporar el tema en tus historias provocando ideas en el lector y buscando cierto impacto emocional. Si haces bien tu trabajo, no sólo disfrutarán con una primera lectura sino que volverán una y otra vez a tu texto para releer y contemplar sus significados más profundos.

El tema de tu historia y cómo usarlo de forma natural en la novela


Cuando alguien pregunta a un escritor de qué va su historia,  algunos de ellos recitan cronológicamente los acontecimientos que se suceden a lo largo de la obra porque confunden el tema con el argumento. Pero no se trata del quien, qué, dónde y cuando, sino del por qué; lo que da significado a tu historia.

La pregunta es ¿Cómo ofrecer una abstracción temática a tus lectores sin sonar programático ni dejarlos sin pistas? La clave reside en incorporar ideas y actitudes de manera natural, sin imponer nada a la historia.

A los lectores no les gusta la sensación de que el autor está predicando o pontificando sus dogmas y soltando todas las respuestas. Lo que sí podemos hacer es presentar las cuestiones adecuadas.

Nuestro objetivo tiene que ser ilustrar el tema a través de los recursos literarios y no ofrecer una tesis sobre el tema. Somos novelistas, y si quisiéramos mostrar nuestras ideas mediante una aproximación directa usaríamos el formato del ensayo. Hay que mostrar, no decir, recuerda. Debemos escribir encaminándonos hacia una dirección pero dejando margen a la creación literaria. Esto permitirá que el tema evolucione con los elementos de la historia (personajes, conflicto, escenario, imaginería, etc...).

Incrustar el tema en los personajes


Pon algo de la carne del tema en los personajes. Transmite tus ideas e interroga al lector mediante los nombres y la apariencia de tus personajes, su indumentaria o cómo se mueven.

Tomemos por ejemplo el relato de Roberto Arlt «El jorobadito» en el que explora el rechazo a la diferencia mediante un personaje central, un jorobado a quien el protagonista nombra como «Rigoletto» en clara alusión a la Ópera de Verdi.

Haz que tu tema hable. 


El tema se puede iluminar a través del diálogo. No sólo lo que se dice sino también cómo se dice. Es importante.

Por ejemplo el tema de la venganza en el relato «Diles que no me maten» de Juan Rulfo. En este caso, el título es la retahíla que deja el viejo a lo largo de todo el relato, esperando que se apiaden de su vejez. Pero esta vez no son unos soldados cualquiera, el coronel es el hijo de un hombre que el viejo mató en su día. Y la repetición del coronel al final es un fiel paralelo:

«-¡Llévenselo y amárrenlo un rato, para que padezca, y luego fusílenlo!-¡Mírame, coronel! -pidió él-. Ya no valgo nada. No tardaré en morirme solito, derrengado de viejo. ¡No me mates...!-¡Llévenselo! -volvió a decir la voz de adentro.-...Ya he pagado, coronel. He pagado muchas veces. Todo me lo quitaron. Me castigaron de muchos modos. Me he pasado cosa de cuarenta años escondido como un apestado, siempre con el pálpito de que en cualquier rato me matarían. No merezco morir así, coronel. Déjame que, al menos, el Señor me perdone. ¡No me mates! ¡Diles que no me maten!»

El escenario o un ambiente también ayudan a transmitir el tema. 


Es otra manera de ilustrar el tema. Dando a las ideas y actitudes de tus personajes espacio para respirar. Se trata de crear un escenario, un ambiente, que sea un buen hogar para tu tema. Pensemos, por ejemplo, en los escenarios de Lovecraft o Poe, y en cómo ayudan a transitar desde la realidad hasta la fantasía más terrorífica. Fíjate en uno de los fragmentos de «El pantano de la luna», del primero:

«La fuente de todos los problemas era la ciénaga, según me contó Barry la noche de mi llegada al castillo. Alcancé Kilderry en el ocaso veraniego, mientras el oro de los cielos iluminaba el verde de las colinas y arboledas y el azul de la ciénaga, donde, sobre un lejano islote, unas extrañas ruinas antiguas resplandecían de forma espectral. El crepúsculo resultaba verdaderamente grato, pero los campesinos de Ballylough me habían puesto en guardia y decían que Kilderry estaba maldita, por lo que casi me estremecí al ver los altos torreones dorados por el resplandor. El coche de Barry me había recogido en la estación de Ballylough, ya que el tren no pasa por Kilderry. Los aldeanos habían esquivado al coche y su conductor, que procedía del norte, pero a mí me habían susurrado cosas, empalideciendo al saber que iba a Kilderry. Y esa noche, tras nuestro encuentro, Barry me contó por qué.»

Intercala el tema en los conflictos. 


Los conflictos entre tus personajes pueden provocar cuestiones en las que el tema de tu novela sea crucial. ¿Qué significado dan a sus deseos? ¿Qué acciones emprenden para satisfacer sus ambiciones? ¿Qué obstáculos encuentran en el camino? 

Intenta que el tema sea determinante para los conflictos. (Y debería serlo). La venganza, el deseo sexual, la ambición y todos sus alegres amigos, la culpa, etc. son pasiones, emociones. Lo que tú como escritor o escritora piensas de ellos es tu tema.

En el ebook de próxima aparición "Cómo crear una novela. La planificación y los esquemas" dedico un capítulo entero a la premisa de tu historia, el tema, y el high concept, y cómo nos ayudan a "vender" nuestra obra a los lectores, agentes y editores, además de apoyar toda la planificación de la novela en ellos.

Recuerda que el ebook saldrá primero a precio preferente durante un día para los suscriptores del newsletter.

Usa el simbolismo

Sería muy largo explicar aquí el uso de los símbolos arquetípicos dentro de las novelas. Y si te interesa mucho el tema puedo recomendarte leer a Jung, Juan Eduardo Cirlot, o a Vladimir Propp. Aquí lo trataré muy sucintamente explicando que un símbolo o un objeto simbólico no es un objeto en una historia, enriquecido con el tema. Representa algo más grande que sí mismo y es un atajo hasta el significado profundo de algo. En este caso de tu novela. Sé que puede sonar esotérico pero el hecho es que los símbolos funcionan muy bien en las narraciones, "resuenan" en el lector.


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Las ilustraciones son de Larry Elmore

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Tensión y conflicto en las novelas (I)

Consejos para crear más TENSIÓN en tu novela.



Lo que yo defino como TENSIÓN en las historias es algo superior al CONFLICTO. Podría decirse que es la hostilidad apenas contenida, esas ganas de matar que a veces tenemos, sobre todo si vivimos en España y vemos regularmente las noticias. Es un recurso poderoso para escribir historias interesantes que atrapen las emociones del lector y le inciten a seguir leyendo

Imagina una goma elástica que estiramos poco a poco. El conflicto es la acción de estirarla, y la tensión es cuando está estirada. Puede estar a punto de romperse, o puede soltarse de un extremo, o del otro, y salir disparada. Digamos que la tensión es un paso más allá del conflicto. Si el conflicto es la falta de armonía o la oposición entre personajes con diferentes ideas, objetivos y creencias; la tensión sería cuando ese conflicto origina pelea. Y es un paso esencial para que las tramas fluyan como es debido.

En este pequeño artículo te explicaré algunas formas de añadir tensión a tus escenas.


Puedes imaginar y probar varias de ellas, relacionándolas con tu historia. (Aquí se ve la importancia de planificar y estructurar las novelas antes de ponerse a escribir toda la historia)

Coloca a tus personajes en lugares en los que no deberían estar. 


Es un recurso muy socorrido en las novelas de género negro y policial. Un personaje testigo involuntario de un crimen y descubierto por el asesino, por ejemplo. Hitchcock lo usaba a menudo. Funcionan mejor cuando las circunstancias que han llevado a ese personaje a ese lugar forman parte del conflicto principal, o incluso de alguno secundario que luego pueda crecer, si la trama es muy compleja.

Límites de tiempo.


El tictac del reloj corriendo delante del personaje inmerso en un gran peligro para él, para los suyos o para toda la humanidad, siempre genera mucha tensión. Como ya vimos en el primer número de nuestro newsletter, Dan Brown lo usa en TODAS sus novelas como recurso para que el lector no abandone sus libros. Lo ideal, en todo caso, es NO introducir un límite de tiempo al principio de la historia, sería demasiado obvio. Mejor si el reloj comienza a correr en la parte en la que el héroe rechaza la llamada a la aventura, o es renuente a realizar determinadas tareas por tener un conflicto interior con ellas. Uno de mis consejos recurrentes es que hay que putear a nuestros personajes. Sin misericordia.

Haz que tus personajes tomen decisiones con graves consecuencias.


Si nuestro protagonista principal participa en las acciones y diálogos que van a empeorar los conflictos, es mucho mejor que cuando esos conflictos se generan de manera ajena a él. La implicación emocional del lector será mayor si hemos logrado que exista una conexión empática entre  ellos: lectores-protagonista.

Hay que tener cierto cuidado con esto. A nadie le gustan los personajes tontos. Ya sabes a qué me refiero. Son esos personajes cuyas decisiones aumentan el peligro y el riesgo a su alrededor. O hemos creado fuertes lazos del lector hacia ellos, o arruinaremos nuestro trabajo. Siempre hay que buscar el equilibrio. Una buena manera es que las decisiones que tome y que lo metan en el meollo de una acción peligrosa hayan sido fruto de un engaño muy elaborado o una traición de esas que duelen.

Haz que tus personajes participen en acciones moralmente inaceptables.


Un personaje que, llevado por la desesperación económica, participa en un atraco que acaba de forma violenta y con muertos, por ejemplo, es una fórmula que siempre funciona. El conflicto interno del personaje se transforma en una tensión a veces insoportable. Recuerda a Raskolnikov, de Crimen y Castigo. Las variantes de esta técnica son numerosas, tantas como pecados puedas imaginar.


Seguiremos hablando de la tensión en una serie de artículos. Espero verte por aquí.

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