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El rechazo editorial (II)

En la segunda parte de este artículo voy a abundar en detalles concretos que provocan el rechazo editorial de los editores y agentes literarios en las cartas-emails de presentación y en los propios manuscritos no solicitados.

Dependiendo de la extensión del mismo, de las lecturas, y de vuestra implicación al compartirlo, si lo veis interesante, habrá una tercera parte. Aquí la primera.

El Rechazo Editorial (II) 



Los Intentos

No puedes comenzar, ni incluir, en una carta de presentación algo que suene como esto: "He intentado escribir una novela que mezcla el género de ciencia ficción con el género negro, el romántico y el histórico, ambientado en la España del Siglo de Oro, en segunda persona del plural desde un narrador omniscente que viene del futuro y con múltiples puntos de vista, sobre las rencillas entre los escritores Góngora, Quevedo y Lope de Vega, incluyendo análisis de sus poemas y evitando las paradojas temporales en todo momento”.

Hay en este mundo, Horacio, cosas que nos superan y que son más de lo que puedes manejar. Piénsalo: Si tienes una idea, solo será una idea hasta que un lector reaccione ante ella. Y las ideas deben ejecutarse bien. No digo que esa novela sea imposible. Es probable que un buen día alguien quiera leerla. Pero hace falta un talento excepcional para llevarla a cabo de forma realista y que enganche al lector. Muchos escritores tienen magníficas ideas para sus argumentos y sus personajes, pero lo que acostumbra a suceder es que no están bien llevadas a cabo, ni los personajes, ni el argumento, ni el ritmo de la novela, y en cuanto se detectan esos intentos, las novelas son rechazadas. Las premisas, de las que hablé en el ebook de Planificación, hay que cumplirlas.

La mirada al ombligo


«Mira qué bien escribo. Escribo muy bonito ¡Mira! ¡Mírame! ¿No ves qué bonito? ¡Estoy escribiendo!»  Estas son las palabras que resuenan en la cabeza del editor o el agente que buscan VENDER una novela al gran público cuando leen escritura con pretensiones de alta literatura. Puedes imaginar al escritor o a la escritora dando saltitos emocionados. 

Desengáñate. Si tu novela es así, sus posibilidades de que sea publicada son escasas. El editor y el agente saben que lo que el público en general quiere, y es una buena historia en la que perderse, y no detener su ensueño para ir al diccionario o anotar una frase bellísima tras otra. Hay lectores que aprecian eso, pero son escasos y las tiradas dedicadas a ellos, hoy, en España, son de 500 a 1000 ejemplares. No es negocio. Tengo amigos que se dedican a publicar este tipo de historias y aportan un gran valor a la cultura en general y a la Literatura en particular. Pero no, no es negocio.

Se trata de esconder la mano del escritor para que el lector pueda olvidar que existe y sumergirse en las profundidades de la historia y de los personajes. Y sí, claro que tienes que tener una voz y un estilo propios, pero muy pocos escritores tienen ese don de hacerte ver su voz y que ahí radique la belleza de su escritura. Escribir hoy, además de sufrir que decía Larra, es COMUNICAR. Clic aquí para tuitear

Los correctores y editores de textos pasamos muchas horas cortando frases, adverbios y adjetivos que están ahí solo porque “suenan bien”. 

Los malos diálogos


El diálogo, en una novela, consiste en una aproximación al habla de la gente de la época en la que transcurre la historia. Debe parecer y sonar verosímil cuando se lee y cuando se pronuncie en voz alta. Los personajes hablan entre ellos pero también hablan al lector. 

Ya sabemos que el habla no siempre es correcto, gramatical o incluso políticamente correcto. Está lleno de puntos, de puntos suspensivos, de pausas que interrumpen abrúptamente el flujo, y hasta de palabras como cojones, coño, y hostia. Sin embargo, hay límites: 
  • Cuando parece un adolescente nervioso hablando en clase en el instituto. 
  • Cuando en la lectura todos los personajes hablan igual. 
  • Cuando todo suena rígido. 
  • Cuando es desagradable. 
  • Cuando generalizan sin aportar nada a la historia.
  • Cuando pontifican.
  • Cuando exponen tratados.
  • Cuando no son acordes a la caracterización del personaje.
  • Cuando no paran de hablar y lo dicen todo.
Todo eso es fácil de detectar en un vistazo y es causa común de rechazo editorial. Hay que experimentar con los diálogos. La gente tiene ritmos distintos, frases y giros que los distinguen unos de otros. Y, por encima de todo, los diálogos de los personajes deben hacer avanzar la trama y caracterizarlos, iluminando de alguna manera sus relaciones y sus actos. Deben ser placenteros de leer.

Los malos conflictos


Son los conflictos poco conflictivos. En ocasiones, y sobre todo los escritores sin mucha experiencia o que no han hecho los deberes, ni siquiera se dan cuenta de este gran error. El escritor con cierta experiencia lo detecta enseguida. Sucede cuando la historia NO AVANZA NI EMOCIONA. 

Las expectativas deben de ser altas, ya lo dije en el ebook de Personajes 1. No hay que jugarse el destino del mundo civilizado en cada capítulo, pero la apuestas vitales del personaje debe tener valor para él, y a la vez, el escritor debe transmitírselo al lector. El riesgo de la pérdida ha de estar ahí, aunque al final haya ganancia. O no la haya.

Los lectores deben saber muy pronto qué está en juego, para que sigan leyendo. Y también deben saber, ANTES de finalizar el libro, cómo se resuelve el conflicto. Si el editor o la agente no ven que el autor ha hecho sus deberes con los conflictos, rechazarán la obra. No va a venderse, piensan. Y con razón. 

Falta una o las cuatro ESES

Las cuatro eses, en el argot editorial norteamericano (El tiempo es oro y las abreviaturas necesarias, ya sabes...) son:
  • Story 
  • Setting 
  • Someone
  • Style
Son los cuatro motores de una historia. La Historia en sí misma, el Escenario, entorno, ambientación o Mundo en el que transcurren los acontecimientos, el Alguien, generalmente los protagonistas, y el Estilo.

Si al editor, o a la persona que valora el manuscrito, le es difícil saber en una primera cata, cual de esos motores hace avanzar la historia, el manuscrito será rechazado. 

Determinar esas cuatro Eses se hace rápido, entre la carta de presentación y la cata editorial. Sin ellas o a falta de alguna de ellas, automáticamente se sabe que esa novela NO VA A VENDER, no va a ser un buen negocio editorial.  Y sí, si la editorial en cuestión, o el agente, funcionasen como antaño podrían valorar el estilo y catalogar la obra como Alta Literatura o algo parecido e intentar colocarla. Pero repito, ya no será un buen negocio. Y publicar novelas es, no te engañes, un negocio. Cultural, sí, pero negocio siempre.

Y ahora que ya conoces estas pautas, INTENTA EVITARLAS, aplica todo lo que aprendas en tus obras y personajes, y así, al menos, pasarás esa temible primera cata editorial. Sé perfeccionista y no tires nunca la toalla.

Y no olvides compartir este artículo con tus contactos literarios, les aportarás contenido, espero que interesante, Gracias por leerme.

¿Descripción en una novela? Una acción vale más que mil palabras.

En ficción la tendencia es que la acción acompañe las descripciones. 


Cuando se usan las técnicas adecuadas, puedes tener el tono adecuado, ayudar a desarrollar los personajes o la backstory, y añadir un toque de realidad a tu ficción. Hay unas cuantas maneras de conseguir esto, pero hoy hablaré de las siete más básicas y sencillas de entender.

1. Desarrollar personajes.
Los párrafos largos describiendo los personajes, se hacían en la literatura clásica. También lo usan los escritores y escritoras nostálgicos que no les preocupa vender. Pero actualmente no es aceptable. Aburren a los lectores.


De los escritores modernos se espera que desarrollen al personaje de una manera tan sutil que  los lectores apenas lo noten. Por ejemplo:

“Sacar un cuerpo de dos metros cinco de alto de un coche, costaba lo suyo. Se quitó el sudor de la frente con una manga, sopló el flequillo que caía sobre sus ojos, y lo metió bajo el sombrero. Luego cogió aire y comenzó a tirar de los pies del muerto.”

¿No es mucho mejor usar algo así que describir a nuestro personaje, su coche, y su sombrero?

2. Evita los dijo. 

Hace unas décadas se aconsejaba a los escritores que usaran sinónimos como susurró, lloró, gritó o gruñó. Había quien incluso añadía un adverbio, así: gruñó desconsoladamente. ¿O era lloró desconsoladamente? Bueno, da lo mismo. No se hace en la novela moderna y queda como reliquia romántica. Luego el estilo cambió y se volvió a aconsejar a los escritores que usaran el verbo decir, con el famoso "dijo" en su lugar. Para no distraer a los lectores de la acción y arguyendo que pasaba desapercibido para un lector experimentado, lo que no deja de tener su razón.

Hoy se advierte a los escritores que eviten los dijo cuando escriban diálogos. Se puede hacer usando el nombre del personaje en relación a una acción que realice antes o después de hablar.

“Mirando los pasteles, Alicia se relamió los labios. Estaban secos y agrietados."

No sólo estás contando lo que dice Alicia, si no que la estás describiendo para el lector sin que él se encuentre interrumpido en la acción.

3. Añade detalles sensoriales.

Necesitamos los cinco sentidos para que nuestra ficción parezca real. Las acciones pueden sugerir estos detalles sensoriales de manera directa. En vez de decir “El pescado olía mal”, puedes decir “Sandra arrugó su nariz y retrocedió al ver el pescado”.

4. Crea tensión.

Usando verbos de acción es muy fácil crear tensión en una escena. Por ejemplo: “Apartó la mano de la silla de ruedas como si quemara”.

5. Revela los sentimientos de los personajes.

Todos entendemos el lenguaje corporal. Puede reforzar lo que dice el personaje o bien puede contradecirlo, así que puedes hacer que tu personaje diga una cosa con sus palabras y otra con sus gestos. El lector se sentirá muy satisfecho consigo mismo cuando se de cuenta de la contradicción y que las palabras del personaje son falsas. Movimientos como cruzarse de brazos, poner el peso ahora en un pie, luego en otro, esconderse detrás de una mesa... implican inseguridad. Documéntate sobre lenguaje corporal.

6. Demuestra con los hechos.

Hay momentos en los que, con la elección adecuada de vocabulario, podemos demostrar más de lo que realmente decimos. No hace falta decir que un personaje está borracho sino que podemos usar una frase como: “Tomando por enésima vez la botella de cerveza, la elevó en un imaginario saludo y bebió de un trago. Eructó y el olor a alcohol llegó hasta el otro extremo de la barra”.

7. Describe el escenario.

Usar la acción para describir el escenario es mucho mejor que describir primero el escenario para luego iniciar la acción. Por ejemplo: “Miró el restaurante pero sus ojos no se dirigieron a los carteles pasados de moda ni a las botellas polvorientas. El espejo detrás de la barra reflejó la imagen de una mujer sola, con un vestido rojo que dejaba al descubierto sus piernas”.

Por último: Aléjate de lo que has escrito y mira cada escena como si fueras el director de película. ¿Qué quieres que hagan tus personajes para enfatizar sus palabras? Puedes hacer que fumen, que hagan crujir sus nudillos o que se limpien las orejas mientras escuchan a su interlocutor. Cada actividad reflejará un mensaje diferente.

Recuerda: Puedes crear escenas vívidas, desarrollar tus personajes y hacer avanzar el argumento con una pequeña acción.

LEER PARA ESCRIBIR

LEER PARA ESCRIBIR. 

Leer como un escritor.

Probablemente lo has oído cientos de veces: si quieres escribir debes leer, leer y leer. Leer los clásicos, leer best sellers actuales, leer periódicos, leer el tipo de material sobre el que quieras escribir, leer sobre cómo escribir, leer buena escritura que puedas imitar e incluso leer basura, para saber cómo NO debes escribir.

Pero en ocasiones olvidamos que "cómo leer" es tan importante como "qué leer".


Aquí te muestro seis pasos para leer como un buen escritor.


1. Calma

Estamos acostumbrados a leer para buscar información, pasando por alto el estilo de la escritura yendo directamente a lo que nos importa. Pero los escritores podemos aprender mucho leyendo lo que otros ya han escrito. Si lees demasiado rápido te perderás muchas cosas. Debes tomarte tu tiempo para escuchar las palabras, sentir los detalles, vivir la historia. Piensa en un relato o artículo que disfrutases la semana anterior. ¿Puedes recordar el argumento? ¿Los personajes? ¿La tesis del autor? Si es que no... lo leíste demasiado de prisa.

Lee lentamente y totalmente concentrado para darte cuenta de un giro inesperado en el argumento, una frase maravillosa o un pequeño detalle. Tómate tu tiempo y piensa por qué funciona esa manera de escribir. Este es el meollo de cómo mejorar tu escritura leyendo.

2. Discrimina

Hay pocas horas dedicadas a la lectura en la vida de un escritor, si además lee lento, leerá mucho menos. Batallar con un libro aburrido y mal escrito es perder el tiempo. Si no te llama la atención una novela al final del capítulo tercero o un relato al finalizar la primera página, olvídalos. Dedícate a algo que valga tu valioso tiempo.

Tu eres el mejor juez sobre lo que te inspira y motiva, estúdialo, absórbelo. Úsalo para mejorar tu propia escritura.

3. Léelo todo

Lee los libros desde la cubierta hasta la contraportada, incluyendo los "blurbs", créditos y dedicatorias y agradecimientos. Las biografías de los autores harán que te des cuenta que son personas normales y corrientes como tú y como yo, con animales de compañía e incluso horarios para escribir tan apretados como los nuestros.

Las dedicatorias pueden ayudarte a vender tu libro. Si buscas un agente literario para tu libro, léete las dedicatorias de libros similares a lo que estás trabajando.

4. Escucha


Al leer lentamente Y EN VOZ ALTA podrás saborear el ritmo de la escritura. Darte cuenta de cuándo una frase capta tu atención. Léela en voz alta e intenta pensar por qué te llamó la atención. En vez de leer las palabras, aprende a escucharlas en tu interior (No hace falta que sigas la línea con el dedo :-).

En tus notas de esa lectura (Ver siguiente paso) anota a los personajes que hablen en voz alta y chillona o baja y suave. Intenta imaginarte el sonido. Y observa cómo lo hace el escritor al que lees. (Si usa onomatopeyas y No es una obra infantil o un cómic, tíra el libro y coge otro) Deja que el silbido del tren o el sonido de los frenos tomen vida en tu mente. Fíjate en las aliteraciones que imitan sonidos. Ejemplo: "Le gustaba el susurro de aquel viento silbante pasando entre las ramas de los abedules".

Aprender a escuchar mientras lees te enseñará a escuchar también tu propia escritura, ayudándote a encontrar las palabras más adecuadas para describir sonidos, olores y sabores. Afinarás tu oído a la cadencia musical de las palabras. Toma nota de cómo los clichés pueden reconvertirse en material fresco y nuevo.

5. Toma notas

Mientras lees, ten a mano tu bloc de notas. Mantente alerta para captar una buena estructura gramatical, una metáfora nueva, verbos interesantes... Escribe las frases que te hagan pensar. El acto de escribir estas notas puede ayudarte a integrar ese ritmo particular en tu cerebro. Asegúrate de poner el nombre de la publicación y su autor. ¡No plagies! Pon notas para recordarte porqué te llamó la atención esa frase.

Cuando te encuentres un personaje interesante escribe algo sobre él. ¿Qué le hacía tan atractivo o tan creíble y verosímil? ¿Había rasgos de personalidad únicos que hicieran destacar al personaje? Estas notas pueden ser muy útiles más adelante al desarrollar tus propios personajes.

También te encontrarás personajes aburridos y sin vida, escritura que hará que rechinen tus dientes. Guarda una sección de tus notas para las frases que te ponen los pelos de punta. Busca las frases que cortan la fluidez de la lectura, las que te hacen parar de leer, y mantén un apartado para ellas. Te ayudará a encontrar las tuyas.

6. Sé consciente de cuando parar

Cuando tengas vida a tu alrededor, deja el libro y observa. En el aeropuerto nadie empieza una conversación con alguien que tiene la nariz enterrada en un libro. Bueno, salvo yo, que siempre pregunto impertinente que están leyendo. Como escritor pasas demasiado tiempo solo. Cuando estés con gente alrededor aprovéchalo y observa la vida que fluye. Sé cálido y abierto con los extraños. ¿Qué mejor manera de aprender de la naturaleza humana, coleccionar rasgos de personalidad interesantes, trozos de diálogo e incluso ideas para tus historias?

Tu propia escritura será un compuesto de cada autor que hayas leído y admirado. Serán tus influencias. Léelos de manera lenta y calmada. Estudia lo que hace que su escritura funcione. Escucha tu oído interior y toma notas detalladas. Observa el mundo a tu alrededor.

Lee, lee, lee. Añade tu genio creativo. Y después... escribe.

Los comentarios, los RTs y Shared son muy bien recibidos, eh. :-)

Problemas con el diálogo al escribir novelas.

Hace tiempo que no actualizamos este blog. Disculpas.

Intentaremos hacer entradas más cortas y más seguidas en el tiempo.

Hoy hablamos de un problema que hemos detectado incluso en novelas publicadas. Fruto siempre de una mala corrección de estilo, o de no estar editadas y ser publicadas tal cual llegaron.

EL DIÁLOGO EXPOSITIVO

Normalmente se trata de un personaje de la novela clarificando el significado de los acontecimientos a otro personaje o al protagonista. Sucede cuando debemos contar algo del backstory, los antecedentes de una escena, o la historia personal de un personaje.

Como por ejemplo:

“–¿Quieres saber por qué no traicioné a Juan? – dijo encendiendo un cigarrillo.
–Sí –dijo Carla.
–Podría haberlo hecho, varias veces. Primero, recuerdas, hubo un día en que prácticamente me pinchó para que se lo contara a los demás.
–Lo recuerdo.
–Después cuando nos gastó todos esos trucos...blablablabla... y bla”.

Este personaje continuará hablando y hablando para explicar su código ético pero el lector se dormirá.

Si la historia ya ha hecho su trabajo de dramatización, ya conocemos todas las veces que el tipo se portó bien con su amigo y no lo traicionó a pesar de todas las jugarretas de Juan. Y conoceremos también sus razones.

Cuando escribas una novela, deja que la historia dramatice el significado de los acontecimientos en lugar de que los personajes tengan que contárselo unos a otros.

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