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Un vistazo a la realidad editorial.


Una de las funciones tradicionales de un editor literario era educar el gusto. 
Hablo en pasado, sí. Se hacía de tres maneras: corrigiendo la obra junto al autor, eliminando banalidades, errores y hasta personajes que no funcionaban; construyendo un catálogo sólido de autores y títulos que establecía una confianza entre el público; y divulgando las bondades de ese gusto entre la crítica y los medios, mediante comunicados de prensa, envíos del libro a la crítica, reuniones, llamadas, asesorando al escritor en su promoción y sus frases, etc.
Ya no.
Se publica basura en un 50% por diferentes motivos y hasta entre las grandes editoriales, incluyo el de publicar obras que ni siquiera se han leído, editar en sucio para copar las mesas de novedades, malas traducciones no revisadas, obras no corregidas, ediciones de asco con malas tipografías porque la compra de derechos excedió el presupuesto, y un largo etcétera. 
Otro 30% son los autores mediáticos, es decir, más basura, pero basura que vende en un país inculto hasta la médula y tan snob que DESEA decir que sí, que lee libros: Las 50 sombras, el Brown, novelitas románticas mal escritas pero que cuelan porque se disfrazan de libro y tienen su público fiel como lo tuvo Corin Tellado, lo último de algún triste humorista de monólogos, un cantante herido, una locutora analfabeta funcional, o un presentador con carisma.
Queda un 20% que aún están haciendo cosas interesantes. En Alianza Editorial, Tusquets, y alguna otra, no muchas. Los buenos editores se van muriendo o lo dejan, hastiados y al borde del infarto, y ya no saben adaptarse a este mundo de redes sociales y frases de 140 caracteres, y cuando lo hacen, contratan a un niñato que no ha leído más de 300 libros en su vida. 
Pero queda esa isla. Y es la que hay que cuidar.
Y otro día hablamos de los agentes.
O de los ebooks.

Los bestsellers sin ruido, 01

Hay libros que nacen con un pan bajo las tapas, una expresión española para decir que hay nacimientos con suerte, "Los niños nacen con un pan bajo el brazo".

Son libros que llegan predestinados para el éxito, por diferentes factores que no se tuvieron en cuenta a la hora de publicarlo, y en los que uno de ellos, el sentido de la oportunidad, suele ser bastante importante. También ocurre con los libros en los que se pagó un anticipo tan fuerte que los editores hicieron todo lo posible para asegurarse su éxito. Pero no voy a hablar aquí de estos últimos.

Los libros durmientes.


Son los libros que hicieron su camino a través de una publicación en silencio, lanzados apenas sin ruido ni alharacas (Presentaciónes, promociones, anuncios) y que, de alguna manera, encontraron su camino a las listas de bestsellers. En españa, el editor Santos Palazzi habla de "mirlos blancos".

En EEUU los llaman bestsellers buzzless. Y este es uno de ellos...

Cómo llegó a ser un #bestseller 


Princesa por sorpresa
de Meg Cabot
(HarperCollins, 2000)


En 1998, una de los editores asistentes de HC, Abigail McAden, recibió la orden de hacer un seguimiento a una autora desconocida.  Leyó el manuscrito inmediatamente, y le encantó. Trataba de una chica que parecía real y relevante, aunque insegura, rodeada de un elenco de personajes muy cómicos, pero plenamente realizados. Y el estilo era perfecto. No era un libro reposado o un libro que fuera a llevarse premios. Tampoco había bibliotecarios simpáticos o heroísmo ni grandes villanos. Pero había una buena trama dramática y un cambio de imagen muy atrayente.

Se compró con un anticipo de 8.000 dólares y se pubicó un año y medio más tarde, con una cubierta sencilla y minimalista, de color rosa. La tirada inicial fue muy modesta y las ventas también, los tres primeros meses.

"Entonces llegó el cuarto mes. No se sabe muy bien qué ocurrió. Tal vez fue la cubierta o la palabra "princesa" en el título. Quién sabe exactamente por qué tuvo éxito, pero lo hizo. Fue emocionante. Para cuando se lanzó la película un año más tarde, el libro ya fue un éxito. No me di cuenta en el momento de lo raro y mágico que un acontecimiento editorial era, pero también creo que mi inexperiencia me permitió ver la belleza y la posibilidad en la historia de Meg y no malinterpretarla o descartarla." Abigail McAden

La serie "Princesa por sorpresa" ha vendido más de cinco millones de copias.

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