Mostrando entradas con la etiqueta corregir. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta corregir. Mostrar todas las entradas

El ciclo del rechazo editorial

Agatha Christie, cinco años de rechazos editoriales. Ha publicado y vendido libros por valor de 2.000 millones de dólares.
J.K.Rowling, recibió 12 rechazos editoriales para el primer libro de Harry Potter. Hoy es una de las primeras fortunas del Reino Unido por su obra.
Louis L'amour, afamado escritor de westerns, 200 rechazos editoriales antes de ser el número 1 en historias del oeste, leído todavía hoy, padre de Marcial Lafuente Estefanía y muchos otros.
Richard Bach. "Nadie va a querer leer un cuento protagonizado por una gaviota". 44 millones de libros vendidos.
Paul Auster, 17 rechazos editoriales a su trilogía de Nueva York.

El ciclo del rechazo editorial



Has pasado meses, quizá años, trabajando en tu novela. La has leído y releído cientos de veces. La has repensado, reescrito, y revisado; has cambiado personajes, borrado otros, has reescrito diálogos y tramas. Y ha llegado a ser una de las cosas más importantes de tu vida. Incluso quitando tiempo para estar con tu familia. La mayoría de tus parientes cercanos y amigos íntimos creen que tu obra es maravillosa.

Quizá has leído algunos libros sobre cómo crear una novela, quizá no. Tal vez no lees libros en general, (créeme, hay escritores que no lo hacen), o no lees todos los días porque... claro, estabas escribiendo.

Pero ahora has terminado tu novela. O al menos crees que ya está acabada. Ahora, con confianza, recopilas a través de Internet una lista de editores y empiezas a sondearlos. Aprendes cómo enviar un manuscrito adjunto y a escribir una carta de propuesta, y lo haces. Incluso creas un estadillo en un excel para ir haciendo el seguimiento. Una carta cada vez, un email a la vez.

Pasan las semanas en silencio. Te corroe la impaciencia, la esperanza se agota poco a poco. Por último llamas a la oficina del editor. No tienen la menor idea de quién eres. Pero acaban enviándote una carta estandar.

"No es para nosotros."
"Tenemos agotado el presupuesto para este año y el siguiente."
A veces hay un párrafo, escrito de manera personal, que dice algo agradable. Su brillo dura unos días. A veces te dicen que tu obra está mal escrita, o te señalan los fallos. Pero eso es más raro. Es como si los editores temieran que los escritores rechazados se presentaran en sus despachos con una escopeta. Creo que sucedió una vez, en la lejana Arkansas.

Pasan los años. Empiezas otra novela, pero con menos confianza, estamos más inseguros.

Quizá no has prestado suficiente atención al mercado. Analizas lo que está vendiendo y lo que no, lo que se está publicando. Lees libros que te muestran que lo puedes hacer mucho mejor. Haces de esos libros una guía y escribes en consecuencia.

Comienzas a analizar tu propia obra. Haces esquemas, planes, dosiers de personajes, diarios de tu propia novela, Corriges y corriges y corriges. Quitas clichés, frases hechas, lenguaje florido, largas descripciones, párrafos que te encantaron pero que nada aportan a la obra, cientos de palabras que una vez sudaste por las noches.

A veces te debates entre la idea de autopublicar tus obras y hacer que se comercialice en Amazon, o invertir mucho dinero en una publicación en papel. Algunos sitios prometen cosas interesantes a cambio de tu dinero. Cosas. Miras la pila de cartas de rechazo. Pero no sabes si lograrás vender lo suficiente.

Pruebas y vuelves a intentarlo.


Escribes otra novela. Tal vez más. Una y otra vez son rechazadas o no te responden. Comienzas a cuestionar tus ideas y tu talento. Te estás convirtiendo en una persona amargada. Empiezas a tener una edad. Tienes obligaciones, facturas que pagar, hijos que están creciendo. Vas a la deriva. Piensas en sacar rendimiento de lo que has aprendido y ofreces cursos y talleres... a otros como tú. Pero no eres la primera persona que lo ha hecho, esa a la que le va bien y sus cursos o sus libros se venden, y, adivina qué... Ya no tienes tiempo para escribir tu propia obra. Tampoco sacas demasiado de eso.


¿Y ahora que?


Si has leído hasta aquí sin que se te congele el alma estás esperando alguna receta milagrosa para afrontar todo esto.


Hay tres opciones.



1.- Abandonar. Era un sueño. Uno más. Quizá adolescente. Es hora de tirar la toalla y concentrarse en el trabajo diario, en la familia y los amigos. Al menos lo intentaste.

2.- Aplazar. No estábamos listos. Nos faltaba experiencia de la vida, recursos técnicos, más conocimientos sobre la escritura... Pero continuamos creyendo. Continuamos leyendo,  aprendiendo de otros, mejores, buscando maestros o mentores. No padrinos, porque ya somos mayores. Y además, ya sabes, algunos escritores publicaron tarde y maduros.

3.- Perseverar. Nunca hay que darse por vencidos. Nunca.
Es poco práctico, es una locura, es poco inteligente, es absurdo y es tonto incluso. Pero si realmente crees en ti mismo, en tu talento, tus ideas y tus premisas, en tu vocación, en tu misión personal en la escritura, si crees que dispones de las técnicas y los conocimientos necesarios...

Ve hasta el final.


Determinación, perseverancia, entrega, enfoque, confianza, obsesión, unidad de propósito, paciencia. Son los recursos que habrá que añadir a las armas que ya tienes. Y entonces...

Entonces vuelves a analizar tu propia obra. Haces esquemas, planes, dosiers de personajes, diarios de tu propia novela, Corriges y corriges y corriges. Quitas clichés, frases hechas, lenguaje florido, largas descripciones, párrafos que te encantaron pero que nada aportan a la obra, cientos de palabras que una vez sudaste por las noches.

Por mi parte, el libro de "Los ganchos narrativos" que saldrá en navidad de este año será el último de la serie, de momento. Y ésta la última entrada de este blog. Necesito tiempo para mí y mis proyectos. El único servicio que mantengo es el asesoramiento personal literario y de marketing editorial para escritores que dejen el ego en la puerta, hayan leído mis libros, y se comprometan realmente con su propio proyecto o comiencen uno conmigo. Puedes leer más aquí.


El rechazo editorial (II)

En la segunda parte de este artículo voy a abundar en detalles concretos que provocan el rechazo editorial de los editores y agentes literarios en las cartas-emails de presentación y en los propios manuscritos no solicitados.

Dependiendo de la extensión del mismo, de las lecturas, y de vuestra implicación al compartirlo, si lo veis interesante, habrá una tercera parte. Aquí la primera.

El Rechazo Editorial (II) 



Los Intentos

No puedes comenzar, ni incluir, en una carta de presentación algo que suene como esto: "He intentado escribir una novela que mezcla el género de ciencia ficción con el género negro, el romántico y el histórico, ambientado en la España del Siglo de Oro, en segunda persona del plural desde un narrador omniscente que viene del futuro y con múltiples puntos de vista, sobre las rencillas entre los escritores Góngora, Quevedo y Lope de Vega, incluyendo análisis de sus poemas y evitando las paradojas temporales en todo momento”.

Hay en este mundo, Horacio, cosas que nos superan y que son más de lo que puedes manejar. Piénsalo: Si tienes una idea, solo será una idea hasta que un lector reaccione ante ella. Y las ideas deben ejecutarse bien. No digo que esa novela sea imposible. Es probable que un buen día alguien quiera leerla. Pero hace falta un talento excepcional para llevarla a cabo de forma realista y que enganche al lector. Muchos escritores tienen magníficas ideas para sus argumentos y sus personajes, pero lo que acostumbra a suceder es que no están bien llevadas a cabo, ni los personajes, ni el argumento, ni el ritmo de la novela, y en cuanto se detectan esos intentos, las novelas son rechazadas. Las premisas, de las que hablé en el ebook de Planificación, hay que cumplirlas.

La mirada al ombligo


«Mira qué bien escribo. Escribo muy bonito ¡Mira! ¡Mírame! ¿No ves qué bonito? ¡Estoy escribiendo!»  Estas son las palabras que resuenan en la cabeza del editor o el agente que buscan VENDER una novela al gran público cuando leen escritura con pretensiones de alta literatura. Puedes imaginar al escritor o a la escritora dando saltitos emocionados. 

Desengáñate. Si tu novela es así, sus posibilidades de que sea publicada son escasas. El editor y el agente saben que lo que el público en general quiere, y es una buena historia en la que perderse, y no detener su ensueño para ir al diccionario o anotar una frase bellísima tras otra. Hay lectores que aprecian eso, pero son escasos y las tiradas dedicadas a ellos, hoy, en España, son de 500 a 1000 ejemplares. No es negocio. Tengo amigos que se dedican a publicar este tipo de historias y aportan un gran valor a la cultura en general y a la Literatura en particular. Pero no, no es negocio.

Se trata de esconder la mano del escritor para que el lector pueda olvidar que existe y sumergirse en las profundidades de la historia y de los personajes. Y sí, claro que tienes que tener una voz y un estilo propios, pero muy pocos escritores tienen ese don de hacerte ver su voz y que ahí radique la belleza de su escritura. Escribir hoy, además de sufrir que decía Larra, es COMUNICAR. Clic aquí para tuitear

Los correctores y editores de textos pasamos muchas horas cortando frases, adverbios y adjetivos que están ahí solo porque “suenan bien”. 

Los malos diálogos


El diálogo, en una novela, consiste en una aproximación al habla de la gente de la época en la que transcurre la historia. Debe parecer y sonar verosímil cuando se lee y cuando se pronuncie en voz alta. Los personajes hablan entre ellos pero también hablan al lector. 

Ya sabemos que el habla no siempre es correcto, gramatical o incluso políticamente correcto. Está lleno de puntos, de puntos suspensivos, de pausas que interrumpen abrúptamente el flujo, y hasta de palabras como cojones, coño, y hostia. Sin embargo, hay límites: 
  • Cuando parece un adolescente nervioso hablando en clase en el instituto. 
  • Cuando en la lectura todos los personajes hablan igual. 
  • Cuando todo suena rígido. 
  • Cuando es desagradable. 
  • Cuando generalizan sin aportar nada a la historia.
  • Cuando pontifican.
  • Cuando exponen tratados.
  • Cuando no son acordes a la caracterización del personaje.
  • Cuando no paran de hablar y lo dicen todo.
Todo eso es fácil de detectar en un vistazo y es causa común de rechazo editorial. Hay que experimentar con los diálogos. La gente tiene ritmos distintos, frases y giros que los distinguen unos de otros. Y, por encima de todo, los diálogos de los personajes deben hacer avanzar la trama y caracterizarlos, iluminando de alguna manera sus relaciones y sus actos. Deben ser placenteros de leer.

Los malos conflictos


Son los conflictos poco conflictivos. En ocasiones, y sobre todo los escritores sin mucha experiencia o que no han hecho los deberes, ni siquiera se dan cuenta de este gran error. El escritor con cierta experiencia lo detecta enseguida. Sucede cuando la historia NO AVANZA NI EMOCIONA. 

Las expectativas deben de ser altas, ya lo dije en el ebook de Personajes 1. No hay que jugarse el destino del mundo civilizado en cada capítulo, pero la apuestas vitales del personaje debe tener valor para él, y a la vez, el escritor debe transmitírselo al lector. El riesgo de la pérdida ha de estar ahí, aunque al final haya ganancia. O no la haya.

Los lectores deben saber muy pronto qué está en juego, para que sigan leyendo. Y también deben saber, ANTES de finalizar el libro, cómo se resuelve el conflicto. Si el editor o la agente no ven que el autor ha hecho sus deberes con los conflictos, rechazarán la obra. No va a venderse, piensan. Y con razón. 

Falta una o las cuatro ESES

Las cuatro eses, en el argot editorial norteamericano (El tiempo es oro y las abreviaturas necesarias, ya sabes...) son:
  • Story 
  • Setting 
  • Someone
  • Style
Son los cuatro motores de una historia. La Historia en sí misma, el Escenario, entorno, ambientación o Mundo en el que transcurren los acontecimientos, el Alguien, generalmente los protagonistas, y el Estilo.

Si al editor, o a la persona que valora el manuscrito, le es difícil saber en una primera cata, cual de esos motores hace avanzar la historia, el manuscrito será rechazado. 

Determinar esas cuatro Eses se hace rápido, entre la carta de presentación y la cata editorial. Sin ellas o a falta de alguna de ellas, automáticamente se sabe que esa novela NO VA A VENDER, no va a ser un buen negocio editorial.  Y sí, si la editorial en cuestión, o el agente, funcionasen como antaño podrían valorar el estilo y catalogar la obra como Alta Literatura o algo parecido e intentar colocarla. Pero repito, ya no será un buen negocio. Y publicar novelas es, no te engañes, un negocio. Cultural, sí, pero negocio siempre.

Y ahora que ya conoces estas pautas, INTENTA EVITARLAS, aplica todo lo que aprendas en tus obras y personajes, y así, al menos, pasarás esa temible primera cata editorial. Sé perfeccionista y no tires nunca la toalla.

Y no olvides compartir este artículo con tus contactos literarios, les aportarás contenido, espero que interesante, Gracias por leerme.

El perfeccionismo de los escritores


En pos de la palabra precisa, como en la anterior entrada de este blog, no me resisto a transcribir la anécdota que cuenta la recordada editora Esther Tusquets sobre sus tratos con Vargas Llosa cuando publicó "Los cachorros".

Viene a cuento de oficio, el de editar y el de escribir, y ante algo de lo que hablo, poco y por encima es cierto, en los ebooks que hemos publicado: La autoindulgencia de muchos autores actuales (El descuido con las frases, la estructura y el estilo) y el bajo nivel (editor por un lado y lector por otro) que da por buenas obras que no deberían haber pasado de literatura de quiosco. Pero esto son otros temas que requieren de más tiempo libre y más dedicación, una dedicación que de momento no quiero otorgarles.

El capítulo 9 de este libro se titula: «Enfermizo perfeccionismo» de un autor (Mario Vargas Llosa) y laboriosa elaboración de un espléndido relato (Los cachorros). Y dice así:


(Cuenta Esther Tusquets)
[...] Nos envió efectivamente el relato el 6 de agosto, con una nueva carta, donde explicaba: «Siento no habértelo entregado dentro del plazo, y créeme que esto me ha tenido preocupado. Detesto ese vicio sudamericano que es la informalidad y procuro siempre no comprometerme a lo que no estoy seguro de poder cumplir. Pero a pesar de toda mi buena voluntad, y de mi empeño, este texto no acababa nunca de salir. No puedes imaginarte el número de veces que lo he rehecho y cada vez su lectura me defraudaba. Lo cual no quiere decir, desde luego, que el texto que te envío me parezca perfectamente logrado. Lo he releído y me ha dado la impresión de ser decoroso». 
Era, claro está, mucho más que decoroso, era ya un relato muy bueno. Resultaba, sin embargo, demasiado corto para el libro que nosotros habíamos proyectado, y opté por hacérselo saber. 
Respuesta: «Cuando pienso que todo el tiempo que estuve escribiendo “Los cachorros” viví atormentado con la idea de no alargar demasiado el texto para no tener luego que hacer cortes, me dan ganas de jalarme de los pelos. Pero creo que tengo una solución. Este cuento que te envío, “Día domingo”, apareció hace siete años, en mi primer libro, Los jefes. Es el único texto de este volumen que me parece decoroso y, por eso, una vez lo rehice con miras a una nueva publicación. Corresponde exactamente al ambiente de “Los cachorros”: ocurre también en Miraflores (incluso aparecen las mismas calles, plazas, parques, etc.), entre muchachos de la misma edad. Tiene, además, la extensión requerida para completar el volumen. Se me ocurre que se podrían incluir ambos cuentos bajo el título común de Los cachorros, y que cada uno de los cuentos debería llevar un título propio: “Pichula Cuéllar” y “Día Domingo”. Esta podría ser una solución. Si no, escribiré otro texto, pues no tendría sentido añadir veinticinco páginas a la historia de Cuéllar: resultaría forzado, gratuito». 
Los Cachorros. Mario Vargas Llosa
fotos de Xavier Miserachs, ed. Lumen 1967
Pero el 2 de noviembre ha cambiado de opinión: «Todos estos días he estado pensando en Los cachorros (también varias noches) y por fin me he decidido a escribirte. Creo que he encontrado la manera de convertir ese texto primario y defectuoso en un buen relato. Necesito ampliarlo bastante, trenzarlo a una historia mucho más sólida, con los mismos protagonistas, pero cuyo eje sería no Pichula Cuéllar sino Lalo. Tengo muy claros todos los incidentes, la estructura, los diálogos y los ambientes. Estoy absolutamente seguro de que esta vez saldrá algo interesante. Pienso en un texto de unas cincuenta o sesenta páginas, tal vez algo más, que puedo tener listo apenas en dos o tres semanas. A mí me cuesta mucho ver claramente una historia, y en esa etapa preparatoria se me van meses y centenares de papeles y una angustia que me disuelve los huesos, pero cuando la veo embisto como un Miura, me llevo todo por delante y soy capaz de trabajar diez y doce horas seguidas. Ahora creo que ya veo claro este relato y por eso me atrevo a pedirte un poquito más de paciencia. No sé si has mandado ya a componer el libro; si es así, ya no hay nada que hacer, tant pis. Pero, si todavía hay tiempo, creo que vale la pena demorar un poquito y sacar un texto más decoroso, sobre todo eliminar el casi ilegible “Día domingo”». [...]
Hubo todavía bastantes cambios y muchas discusiones sobre el título, porque la censura no aceptó de ningún modo que la palabra «pichula» figurara en él, como quería Mario (según Mario cualquier reparo del Ministerio de Información era incomprensible, pues se trataba de una historia para niños sobre niños, que él le leería a su hijo Álvaro apenas tuviese uso de razón), pero el relato estaba finalmente terminado y era buenísimo. Podía creerse, yo creí, que tanto tiempo y tanta espera y tantos cambios y tanto esfuerzo habían merecido la pena, puesto que el resultado era perfecto, un texto redondo desde el principio hasta el final, en el que no sobraba ni faltaba nada. Pensé que el autor podía darse por satisfecho. Pero no era así. 
Cuando le comuniqué, algo después, que el libro se vendía bien y que estábamos preparando ya la segunda edición, me escribió: 
«Apenas recibí tu carta, empecé a revisar el libro y a hacer algunas modificaciones, pero pronto me di cuenta que por ese camino me estaba metiendo en honduras, pues hubiese acabado por escribir el relato de nuevo, íntegramente. Así que mejor lo dejamos tal como está. Me ha decepcionado un poco en esta última lectura… En fin, esperemos que el próximo relato salga mejor» 
El «enfermizo perfeccionismo» de Vargas Llosa no tenía límites ni remedio.
Y como diría Rah'oi, el Profundo Insondable Lovecraftiano: Fin de la cita.

Mientras escribía lo que antecede recordé una conversación con mi amigo Daniel Lanza en la que le mostraba mi asombro de que se pudiera montar una antología de relatos de aficionados en un mes, cuando yo mismo tenía alguno que había tardado seis años en terminar. Alguno de esos escritores (Escritores sí, escritor es el que escribe) había redactado un relato de veinte páginas en una semana. No quise leerlos.

¿Y a ti? ¿Cuánto te lleva planificar y escribir un buen relato de veinte-cuarenta páginas?

Los seis sombreros de los escritores

En el mundo anglosajón existe en el uso común la expresión "ponerse el sombrero de pensar" para indicar un cambio temporal de actitud en una persona. Por extensión, "ponerse el sombrero de padre, de jugar, de los negocios..." etc.

La expresión la utilizó Edward de Bono para su famosa obra sobre la toma de decisiones en varios campos titulando a su libro "Seis sombreros para pensar". He querido usar la misma idea en este artículo para explicar por qué razón un escritor o una escritora ha de tener y usar varios sombreros en su trabajo. Además, a mí me gustan los sombreros. :-)

LOS 6 SOMBREROS DEL ESCRITOR

foto sombrero muerte entre las flores

No siempre somos escritores, o negociadores, o publicistas, pero en ocasiones debemos ponernos esos sombreros.

Sin embargo, para ponerse un sombrero hay que saber llevarlo. Y requiere un aprendizaje. Los que llevamos sombrero sabemos que los de ala ancha no son buenos para los días de viento sino quieres acabar como en "Muerte entre las flores".

Hay personas a las que no le quedan bien algunos sombreros de ninguna de las maneras, y necesitan que sean otros quienes los lleven. Son los escritores que recurren a un corrector de estilo o editor para mejorar sus obras, o a un agente literario para que negocie por ellos. Incluso a un asesor de imagen para ofrecer su mejor lado en las presentaciones. Los hay, sí.

El sombrero de la planificación de novelasEl Stetson de la planificación.

El Stetson es el sombrero de los exploradores y trazadores de mapas, los que planifican la novela previendo los bloqueos, los que diseñan los personajes, y la estructura de su historia ANTES de ponerse a escribir. Los que hacen Arqueología para documentarse y tenerlo todo preparado para escribir su novela. Es un sombrero aventurero pero cauto. Para los que saben mirar más allá y tienen el horizonte enfocado con sus prismáticos.

La Gorra escocesa o la Boina para escribir.

El paño de estas gorras es genial para el sudor. Porque escribiendo, se suda. Protege la cabeza del frío que congela las ideas y la calienta para que hiervan y permanezcan luego, negro sobre blanco. Es un tocado humilde porque somos humildes al escribir. Nadie lo sabe todo. Siempre habrá alguien que sepa más, y que nos aporte conocimientos en los que no habíamos reparado. Se necesita humildad para el aprendizaje y escribir es aprender.

El sombrero de la corrección de novelasEl Panamá de la corrección.

El sombrero ideal para el trópico es el adecuado para el proceso de corregir nuestra novela, si lo vamos a hacer nosotros. Aquí el sudor se convierte en torrentes y el picante de las especias aflora en el estilo. Cuando nos ponemos este sombrero hay que llevarlo con gracia, ligeramente ladeado, e imaginarnos con un daikiri en la mesa y el portátil echando humo. Las palabras deben fluir para que fluya la lectura de nuestro público, y despojar al texto de todo lo que haga detener esa lectura, esa ensoñación tropical en la que queremos a nuestros lectores cuando nos lean.


El Fedora de la promoción.

Es un sombrero de batalla que se usa a todas horas y combina muy bien con cualquier traje. Con él puesto buscamos seguidores en twitter y lectores para nuestro blog y nuestros libros, construimos nuestra marca personal, nos relacionamos con los contactos adecuados y sabemos que llevándolo miramos al futuro con los pies en el presente.

El Bombín del negociador.

Siempre he pensado que las formas redondeadas y suaves de este sombrero se deben a la ductilidad de las relaciones de negocios. A saber adaptarse pero sin perder. Un buen negocio es aquel en que las dos partes salen beneficiadas. No es un sombrero que usen muchos escritores, desgraciadamente, y así se firman contratos sin asesoramiento de un agente literario, sin anticipos o anticipos minúsculos, con tiradas cortas y promoción nula. Con este sombrero se vela por los propios intereses. 



Y por último, y no menos importante, nunca nunca nunca te olvides de...

El casco para las críticas.



Si te ha gustado este artículo, compártelo por favor en tus redes, con tus amigos escritores, creativos, o guionistas.

LEER PARA ESCRIBIR

LEER PARA ESCRIBIR. 

Leer como un escritor.

Probablemente lo has oído cientos de veces: si quieres escribir debes leer, leer y leer. Leer los clásicos, leer best sellers actuales, leer periódicos, leer el tipo de material sobre el que quieras escribir, leer sobre cómo escribir, leer buena escritura que puedas imitar e incluso leer basura, para saber cómo NO debes escribir.

Pero en ocasiones olvidamos que "cómo leer" es tan importante como "qué leer".


Aquí te muestro seis pasos para leer como un buen escritor.


1. Calma

Estamos acostumbrados a leer para buscar información, pasando por alto el estilo de la escritura yendo directamente a lo que nos importa. Pero los escritores podemos aprender mucho leyendo lo que otros ya han escrito. Si lees demasiado rápido te perderás muchas cosas. Debes tomarte tu tiempo para escuchar las palabras, sentir los detalles, vivir la historia. Piensa en un relato o artículo que disfrutases la semana anterior. ¿Puedes recordar el argumento? ¿Los personajes? ¿La tesis del autor? Si es que no... lo leíste demasiado de prisa.

Lee lentamente y totalmente concentrado para darte cuenta de un giro inesperado en el argumento, una frase maravillosa o un pequeño detalle. Tómate tu tiempo y piensa por qué funciona esa manera de escribir. Este es el meollo de cómo mejorar tu escritura leyendo.

2. Discrimina

Hay pocas horas dedicadas a la lectura en la vida de un escritor, si además lee lento, leerá mucho menos. Batallar con un libro aburrido y mal escrito es perder el tiempo. Si no te llama la atención una novela al final del capítulo tercero o un relato al finalizar la primera página, olvídalos. Dedícate a algo que valga tu valioso tiempo.

Tu eres el mejor juez sobre lo que te inspira y motiva, estúdialo, absórbelo. Úsalo para mejorar tu propia escritura.

3. Léelo todo

Lee los libros desde la cubierta hasta la contraportada, incluyendo los "blurbs", créditos y dedicatorias y agradecimientos. Las biografías de los autores harán que te des cuenta que son personas normales y corrientes como tú y como yo, con animales de compañía e incluso horarios para escribir tan apretados como los nuestros.

Las dedicatorias pueden ayudarte a vender tu libro. Si buscas un agente literario para tu libro, léete las dedicatorias de libros similares a lo que estás trabajando.

4. Escucha


Al leer lentamente Y EN VOZ ALTA podrás saborear el ritmo de la escritura. Darte cuenta de cuándo una frase capta tu atención. Léela en voz alta e intenta pensar por qué te llamó la atención. En vez de leer las palabras, aprende a escucharlas en tu interior (No hace falta que sigas la línea con el dedo :-).

En tus notas de esa lectura (Ver siguiente paso) anota a los personajes que hablen en voz alta y chillona o baja y suave. Intenta imaginarte el sonido. Y observa cómo lo hace el escritor al que lees. (Si usa onomatopeyas y No es una obra infantil o un cómic, tíra el libro y coge otro) Deja que el silbido del tren o el sonido de los frenos tomen vida en tu mente. Fíjate en las aliteraciones que imitan sonidos. Ejemplo: "Le gustaba el susurro de aquel viento silbante pasando entre las ramas de los abedules".

Aprender a escuchar mientras lees te enseñará a escuchar también tu propia escritura, ayudándote a encontrar las palabras más adecuadas para describir sonidos, olores y sabores. Afinarás tu oído a la cadencia musical de las palabras. Toma nota de cómo los clichés pueden reconvertirse en material fresco y nuevo.

5. Toma notas

Mientras lees, ten a mano tu bloc de notas. Mantente alerta para captar una buena estructura gramatical, una metáfora nueva, verbos interesantes... Escribe las frases que te hagan pensar. El acto de escribir estas notas puede ayudarte a integrar ese ritmo particular en tu cerebro. Asegúrate de poner el nombre de la publicación y su autor. ¡No plagies! Pon notas para recordarte porqué te llamó la atención esa frase.

Cuando te encuentres un personaje interesante escribe algo sobre él. ¿Qué le hacía tan atractivo o tan creíble y verosímil? ¿Había rasgos de personalidad únicos que hicieran destacar al personaje? Estas notas pueden ser muy útiles más adelante al desarrollar tus propios personajes.

También te encontrarás personajes aburridos y sin vida, escritura que hará que rechinen tus dientes. Guarda una sección de tus notas para las frases que te ponen los pelos de punta. Busca las frases que cortan la fluidez de la lectura, las que te hacen parar de leer, y mantén un apartado para ellas. Te ayudará a encontrar las tuyas.

6. Sé consciente de cuando parar

Cuando tengas vida a tu alrededor, deja el libro y observa. En el aeropuerto nadie empieza una conversación con alguien que tiene la nariz enterrada en un libro. Bueno, salvo yo, que siempre pregunto impertinente que están leyendo. Como escritor pasas demasiado tiempo solo. Cuando estés con gente alrededor aprovéchalo y observa la vida que fluye. Sé cálido y abierto con los extraños. ¿Qué mejor manera de aprender de la naturaleza humana, coleccionar rasgos de personalidad interesantes, trozos de diálogo e incluso ideas para tus historias?

Tu propia escritura será un compuesto de cada autor que hayas leído y admirado. Serán tus influencias. Léelos de manera lenta y calmada. Estudia lo que hace que su escritura funcione. Escucha tu oído interior y toma notas detalladas. Observa el mundo a tu alrededor.

Lee, lee, lee. Añade tu genio creativo. Y después... escribe.

Los comentarios, los RTs y Shared son muy bien recibidos, eh. :-)

Novelas publicadas sin corregir


Y así es. Cada día encontramos más novelas publicadas que ni se han editado ni se han corregido. Y me lo confirman los mismos autores publicados.

La labor del editor está ausente, salvo honrosas excepciones. Y los autores que sólo aspiran a ser publicados no tienen la percepción del peligro que supone sacar una obra sin corregir por otros al mercado. Esto sirve igual para los autopublicados en papel o digital, vía Amazon, que para autores con 9.000 ejemplares vendidos en grandes editoriales como Planeta.

También se está dando más en los géneros de LIJ y YA (Young adult) y mucho me temo que se hace en la confianza editorial de que sus lectores están poco formados. Y no es así. El 60% de los lectores de Harry Potter, por poner un ejemplo, fuimos adultos. El 80% de los lectores del fandom (Fantasía, épica, ci-fi), más permisivos con el estilo, son mayores de 25 años.

El peligro para los autores obcecados en publicar sin exigir una corrección de estilo profesional, sea editorial o freelance, es que los lectores aprenden y lo hacen enseguida. Y que se corre la voz. A esto vamos a sumarle que dentro de poco tiempo los reseñistas y los críticos vana incidir más en las malas ediciones, en las erratas y en la falta de profesionalidad de muchos editores. Y en Twitter ya han comenzado estas críticas.

Los libros comienzan a caérsenos de las manos y los ereaders, señores editores. Y el mundo va a enterarse.

Cómo abordar el proceso de corregir novelas


Cada escritor profesional tiene su propio proceso de revisión. Pero algunos se resisten, lo ven como la parte no divertida de la escritura, y prefieren la creación de planes, de personajes, y escenas. Crear una novela, para ellos, se reduce a eso. Algunos tienen suerte y la editorial les pone su propio corrector de estilo. Aunque para ello hay que haber vendido muchos ejemplares. Otros, un gran porcentaje, contratan correctores de estilo o editores freelance, como nosotros mismos, para que echen un vistazo profundo a su creación, con más o menos libertad de acción y cambios.

Sin embargo, otro gran porcentaje de escritores aceptamos ese proceso y lo consideramos un acto en el que añadir fortalezas a nuestra obra, puliendo la novela, y haciéndola mejor. Luchando con cada párrafo hasta suprimir todo lo superfluo y lo que no aporte nada a la trama, los personajes, o la acción.

Cualquiera que sea el campo o género en el que te ubiques como escritor o escritora, la revisión es una parte esencial del proceso de escribir una novela, y es un proceso que todo escritor debe emprender.

Pero hay maneras de realizar esta tarea minimizando sus costes, especialmente si eres un escritor o escritora a los que les duele corregir, o no saben hacerlo.

1. Revisar las páginas anteriores

Mira lo que has escrito el día antes (o tu último escrito), y realiza una edición rápida. Esta práctica te pone de nuevo en el flujo de la historia y te prepara para escribir nuevo material. Editar es, precisamente, revisar el texto para ver qué es lo que falla. Algo que ya casi ningún editor con editorial hace.

Puedes imprimir las páginas y trabajar sobre el papel, o directamente en una copia de esas páginas en el ordenador. Hay quien encuentra la experiencia del papel más cercana a lo que sentirá el lector.

En esta edición rápida, hay que observar sobre todo el flujo y la continuidad de los párrafos. Asegurarse de que lo que querías transmitir ha sucedido realmente en la página. Si surge algún problema en esta edición rápida, o aparece una idea para algo que añadir, simplemente toma nota de ello y continua escribiendo tu cuota de palabras diarias.


2. La prueba de las 20.000 palabras

Tanto si eres un planificador, como si no, la prueba de las 20.000 palabras puede ser una herramienta muy útil.

Después de 20.000 palabras hay que parar, tomarse un día libre, y luego leer lo que tienes. El material de la novela es suficiente para saber más o menos de qué se trata. A continuación, asegurarse de que te gustan los personajes aparecidos hasta el momento y la dirección que va tomando la trama.

Si no te gusta, el momento de hacer algunos cambios es éste.

 Puedes enriquecer tus personajes principales mediante añadidos de fondo de su pasado (si se incluye este para los lectores o no), sus conductas, manías, defectos, fortalezas y etiquetas (en el habla, vestido, etc.)

También puedes tomar una decisión sobre el tono y la textura de tu novela. Es posible que desees un énfasis diferente a lo que habías planeado.

3. Aprovecha todas las herramientas de las que dispones.

Los escritores de hoy en día tenemos muchas más herramientas a nuestro alcance que nunca. No sólo unos lápices azules y otros rojos.

A continuación unas cuantas de estas herramientas que te servirán para corregir.

Comentarios de Word

Utiliza la función de comentarios en Word. CTRL+ALT+A
Al escribir el primer borrador, puedes utilizar estas anotaciones para dejar comentarios sobre los puntos de la trama que deben ser desarrollados, o preguntas de documentación que tienes que responder, y cualquier cosa que se te ocurra.

Cuando estéis listos para revisar, podéis hacer referencia a los comentarios por sí solos, o imprimirlos.

Las hojas de cálculo o tablas

A algunos escritores, casi siempre a la hora de esbozar personajes, les gusta poner sus diseños en una hoja de cálculo o una tabla. Luego, utilizando un código de colores y otros marcadores, se puede ver de un vistazo el perfil de la historia, los personajes involucrados, así como un resumen de la acción.

Grupos de Crítica

Muchos escritores se han beneficiado de este tipo de grupos, redes de lectores e incluso críticas pagadas, como nuestros informes editoriales y comerciales. Si necesitas ese empujón extra, especialmente al principio de tu carrera, un grupo de crítica puede ayudarte. Pero asegúrate de aplicar los siguientes factores:

Busca personas que tengan una relación con el mundillo editorial u otros escritores.
Mantén el grupo pequeño. De cuatro a siete, más o menos.
Asegúrate de dar suficiente de tu tiempo a todos los demás. Hay que proporcionar feedback
Establecer plazos realistas y cumplirlos.
Asegúrate de que las personas en el grupo entienden del género que estás trabajando
Crea confianza. Los egos se dejan en la puerta.
Se consciente del problema de la envidia. Sucede. Mejor que hablar de esto por adelantado.
Busca que esas personas ya tengan una relación establecida contigo.

Los principales inconvenientes de un grupo de crítica

A veces están repletos de gente
Tus horarios.
Si no confías en ti mismo, pueden resultar heridos tus sentimientos.

Es por eso que es importante tener una relación ya establecida. Los contactos habituales de Facebook, con los que hablas más a menudo, pueden ser una buena opción. Y la plataforma puede ser uno de los grupos de esa red social, o una comunidad de Google plus Yo lo hice para un proyecto editorial por encargo que finalmente no prosperó y fue muy constructivo.

Ahora tienes las herramientas. Sólo hay que usarlas y afrontar la revisión y corrección de estilo tu novela. Y si lo ves muy complicado (Y siempre lo es) puedes acudir a nosotros y solicitar un informe de lectura sobre el parcial del manuscrito o la propia corrección de la obra entera.

En cualquier caso, ¡muchos ánimos y adelante!.



LinkWithin

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...